La lucha de la Izquierda Comunista contra la degeneración de la Internacional Comunista
En esta línea temporal están recogidos una serie de hechos sintéticos y de textos fundamentales que constituyen el armazón para el estudio de la lucha de la Izquierda Comunista contra la degeneración de la Internacional Comunista, así como de las causas y manifestaciones externas de dicha degeneración.
En el curso de tan solamente siete años después de su nacimiento en 1919, la que hubiera debido ser la organización mundial del proletariado revolucionario y por un momento lo fue, recorrió la parábola completa desde el error táctico inicial hasta una verdadera desviación táctica (frente único político, 1921), desviación táctico-programática (gobierno obrero, gobierno obrero y campesino, 1922), desviación organizativa (bolchevización, 1924) para terminar en una traición completa a los principios comunistas con la desviación programática de el socialismo en un solo país en 1926, que culmina el proceso de degeneración de la Internacional y el abandono de la revolución mundial.
Las lecciones de la lucha de la Izquierda Comunista italiana contra esta degeneración son un material indispensable para la reanudación del movimiento revolucionario comunista para el abatimiento del régimen burgués.
El material aquí presentado es deliberadamente esquemático por varios motivos.
El primer motivo es que para poder entender y retener las lecciones de procesos complejos y llenos de detalles es necesario comprender primero la trabazón interna de los hechos fundamentales que determinan el resto. Sólo entonces, una vez sentado un marco mental adecuado, es posible ir incorporando a este esquema un mayor número de hechos y detalles sin que los árboles impidan ver el bosque.
El segundo motivo es que, demasiado a menudo, detrás de una abundancia aparente de detalle encuentra cobijo una insuficiente comprensión o ausencia absoluta de comprensión de la trabazón interna de los hechos, cuando no un intento de retorcer los hechos y los textos para llegar a conclusiones discordantes. Ante esto, el método correcto es volver a los hechos fundamentales y contrastar cada nuevo detalle o hecho accesorio con los hechos básicos determinantes de la situación para ubicar el significado y relevancia reales del hecho en cuestión. Nuestra corriente ha reivindicado siempre la necesidad de un cierto esquematismo para mantenernos en la línea correcta.
Finalmente, el estudio detallado de los hechos esquemáticamente presentados, junto con las explicaciones proporcionadas y - lo más importante - el estudio de los textos fundamentales enlazados, es una tarea a la que los militantes comunistas deben dedicar la máxima atención. El contenido político programático y táctico de los textos fundamentales que se van presentando a lo largo de la línea temporal no es de fácil absorción en el actual entorno hostil ausente de perspectivas revolucionarias inmediatas. Estos textos deben ser objeto de estudio permanente a nivel individual y colectivo, no con fines de erudición historiográfica sino para aprehender correctamente y aplicar las profundas lecciones que contienen a la actividad militante de Partido.
[1914] Bancarrota de la 2ª Internacional
La 2ª Internacional había declarado en el Manifiesto de Basilea que iba a responder al estallido de la guerra imperialista mundial con la convocatoria de una huelga revolucionaria y el empleo de las armas contra la propia burguesía.
Pero a la hora de la verdad, en julio de 1914 la 2ª Internacional hizo bancarrota: cada Partido socialdemócrata hizo bloque con su propia burguesía, votó los créditos de guerra y teorizó y llevó a la práctica la defensa del propio país, traicionando al socialismo. Sólo el Partido bolchevique, el Partido Socialista Italiano y el Partido Socialista Serbio quedaron al margen de la vorágine intervencionista.
Todos los otros encontraron la excusa pertinente: los franceses tenían que defender la democrática Francia contra los imperios centrales, los alemanes tenían que defender a Alemania de la todavía más atrasada Rusia, aliada de Francia.
Bajo la forma de una improvisación, el socialchovinismo redescubrió supuestos valores (la civilización, la democracia, el progreso) que estaban por encima de la lucha de clase y obligaban a la defensa de su propia burguesía. Bajo el paraguas de la disciplina de partido se impuso esta traición incluso a la minoría revolucionaria dentro de estos grandes partidos socialdemócratas. Un ejemplo trágico de esta forma de disciplina por la disciplina fue el voto de los créditos de guerra por parte de K. Liebknecht, antes de salir a la calle a llamar a la clase obrera a la insurrección contra la guerra y al derrotismo revolucionario.
En Italia, la izquierda del PSI llegaba a posiciones completamente solidarias con los bolcheviques, entre otros textos, en El socialismo de ayer ante la guerra de hoy (1914), oponiéndose al intervencionismo de Mussolini y al neutralismo burgués de la dirección.
"Quienes invocan hoy la actitud de Marx ante las guerras de la época de la burguesía progresista y olvidan las palabras de Marx, de que 'los obreros no tienen patria' – palabras que se refieren precisamente a la época de la burguesía reaccionaria y caduca, a la época de la revolución socialista –, tergiversan desvergonzadamente a Marx y sustituyen el punto de vista socialista por un punto de vista burgués. (...)
El contenido ideológico y político del oportunismo y del socialchovinismo es el mismo: la colaboración de las clases en vez de la lucha entre ellas, la renuncia a los medios revolucionarios de lucha y la ayuda a 'su' gobierno en su difícil situación, en lugar de aprovechar sus dificultades en favor de la revolución." (Lenin, El socialismo y la guerra, 1915)
"¿Se limitarán a maldecir toda guerra y todo lo militar, se limitarán a exigir el desarme? Nunca se conformarán con papel tan vergonzoso las mujeres de una clase oprimida que sea verdaderamente revolucionaria. Les dirán a sus hijos: 'Pronto serás grande. Te darán un fusil. Tómalo y aprende bien a manejar las armas. Es una ciencia imprescindible para los proletarios, y no para disparar contra tus hermanos, los obreros de otros países, como sucede en la guerra actual, y como te aconsejan que lo hagas los traidores al socialismo, sino para luchar contra la burguesía de tu propio país, para poner fin a la explotación, a la miseria y a las guerras, no con buenos deseos, sino venciendo a la burguesía y desarmándola'." (El programa militar de la revolución proletaria, Lenin, 1916).
“El proletariado no sólo debe oponerse a toda guerra de este tipo, sino que debe desear la derrota de 'su' gobierno en tales guerras y utilizar esa derrota para una insurrección revolucionaria, si fracasa la insurrección destinada a impedir la guerra" (El programa militar de la revolución proletaria, Lenin, 1916).
"Nuestra consigna debe ser: armar al proletariado para vencer, expropiar y desarmar a la burguesía. (…) Sólo después de haber desarmado a la burguesía podrá el proletariado, sin traicionar su misión histórica universal, convertir en chatarra toda clase de armas en general, y así lo hará indudablemente el proletariado, pero sólo entonces; de ningún modo antes." (El programa militar de la revolución proletaria, Lenin, 1916).
[1917] Revolución rusa
El ambiente patriótico y militarista del inicio de la guerra redujo a mínimos la posibilidad de actuación de los revolucionarios que son estigmatizados como responsables de la muerte de los soldados por su planteamiento derrotista. Esta situación de aislamiento persiste hasta que el retorno constante de los hijos uniformados dentro de ataúdes y el cansancio del esfuerzo de guerra imponen un cambio.
Se deben esperar tres años desde el inicio de la primera matanza imperialista mundial para que haya una insurrección suficiente como reacción a la guerra, la revolución de febrero en Rusia, a caballo entre el impulso de las masas de acabar con la guerra y las corrientes burguesas partidarias de la continuación de la guerra que organizaron el complot contra el zar que iba a firmar una paz por separado con Alemania (Lenin, Cartas desde Lejos, 1917).
El Partido bolchevique, único partido que se había separado con mucha antelación del oportunismo, lleva adelante la táctica de oposición revolucionaria al Gobierno Provisional (Lenin, Tesis de Abril, 1917) que le conduce a la toma del poder en Octubre de 1917.
La revolución de Octubre fue una revolución políticamente proletaria porque supuso la restauración del marxismo integral, la reorganización de la Internacional, el ejercicio del poder de la dictadura del proletariado y la ilegalización de los partidos de la burguesía, impuso el fin de la matanza fratricida de la clase obrera en Europa que se estaba desangrando y fue el inicio de un intento revolucionario comunista en toda Europa y el mundo.
La revolución de Octubre es pues una revolución políticamente proletaria pero cuya tarea económica es el desarrollo del capitalismo en Rusia, tarea que sólo podía ser superada integrándose en un proceso mundial, con la extensión de la revolución comunista a Europa y, en particular, a Alemania (Lenin, El impuesto en especie, 1921). La derrota de la revolución en Europa le impuso el repliegue en la segunda de sus tareas: la construcción de capitalismo en Rusia.
[1917] Inicio intervención extranjera y guerra civil en Rusia
La intervención de ejércitos extranjeros y la formación de ejércitos blancos por parte de militares zaristas y también por parte de mencheviques y eseristas drenará ampliamente las energías de la Revolución rusa y, sobre todo, pesará como una losa sobre la posibilidad de apoyar la revolución en Europa, de extender a Europa el intento de revolución mundial iniciada en Rusia.
[1918] Fin de la primera guerra mundial
El planteamiento profundamente internacionalista y antipatriótico de la revolución bolchevique se concretó en el tratado de Brest-Litovsk en marzo de 1918. A través de la cesión de una parte importante del territorio ruso, se puso fin a la matanza fratricida entre obreros en el frente oriental.
Además de la confraternización en el frente, los prisioneros de guerra alemanes, tratados fraternalmente por los bolcheviques, son devueltos a Alemania. Una vez rota materialmente la asociación de ideas demagógica: los bolcheviques matan a vuestros hijos, se abren las puertas a la extensión de la revolución en Alemania.
No tardan en producirse insurrecciones en Alemania como el levantamiento de Kiel en noviembre de 1918 y aquel mismo mes de noviembre de 1918 termina la 1ª matanza imperialista mundial.
[1918] Fundación del Partido Comunista de Alemania (KPD)
No es hasta un mes después del fin de la 1ª matanza imperialista mundial (4 años después de la bancarrota de la 2ª Internacional), que los comunistas en Alemania se separan completamente desde un punto de vista organizativo del oportunismo, pasando la Liga Espartaquista a constituirse como Partido Comunista de Alemania.
En esta tardía separación organizativa del oportunismo se encuentra uno de los motivos principales por los que el incendio revolucionario que siguió en Europa al fin de la primera guerra mundial no pudo culminarse con éxito.
La tremenda lección consiste en la necesidad de la ruptura con el oportunismo - incluso en clara minoría - mucho antes de que se produzca la situación potencialmente revolucionaria porque, de lo contrario, cuando los revolucionarios consiguen dotarse de la organización necesaria - del Partido - los primeros actos del drama ya han pasado y la ocasión ha sido potencialmente perdida.
[1919] La socialdemocracia: verdugo de la revolución
En enero de 1919, tan sólo un mes después de la constitución del Partido Comunista Alemán, sus dos dirigentes principales son asesinados por orden del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) a manos de las Freikorps.
La República Soviética de Hungría, nacida en marzo, es saboteada desde dentro por los socialdemócratas y liquidada en agosto de 1919.
La República Soviética de Baviera es derrotada por la acción del ejército de la República de Weimar (gobernada por el SPD) y las Freikorps.
La socialdemocracia no sólo asesina comunistas en Europa sino que mencheviques y eseristas organizan ejércitos blancos en el interior de Rusia.
[1919] Fundación de la 3ª Internacional
Coincidiendo con el fin de la primera guerra mundial y con la extensión del incendio revolucionario a Europa, en marzo de 1919, se constituye la 3ª Internacional en Moscú.
[1920] “Putsch” de Kapp/Lüttwitz y levantamiento del Ruhr
Para justificar el apoyo del KPD al gobierno, se intenta comparar el putsch de Kapp/Lüttwitz de marzo de 1920 con el episodio Kornilov durante la revolución rusa. La comparación no tiene fundamento dado que el episodio Kornilov representaba una posibilidad real de restauración feudal en el marco de una doble revolución mientras el putsch de Kapp representaba solamente una fracción de la propia burguesía, clase ya gobernante.
Como reacción al putsch, se producen una serie de levantamientos obreros en la cuenca del Ruhr que mantienen en jaque al Estado entre marzo y abril y son duramente reprimidos por el Ejército y las Freikorps bajo la dirección de la SPD gobernante.
Esto pone de manifiesto las vacilaciones de la táctica del KPD de apoyar al gobierno contra el putsch cuando debió haberse lanzado al derrocamiento del gobierno como único medio de derrocar a los putschistas también.
[1920] Tesis de la Fracción Comunista Abstencionista del PSI
Las Tesis de la Fracción Comunista Abstencionista del PSI (1920) fueron redactadas en la conferencia de la Fracción en los días 8 y 9 de mayo en Florencia, pocos meses antes del II Congreso de la Internacional Comunista (19 de julio al 7 de agosto de 1920).
Se trata de la única aportación internacional que se adaptó plenamente a los principios directores del cuerpo de tesis programáticas y tácticas que salió de dicho congreso y un ejemplo de lo que se esperaba del mismo: un texto que dejara sentados y firmes los principios y finalidades del movimiento comunista, que recogiese y expresase la crítica a las distintas corrientes ideológicas contrapuestas al marxismo y que estableciese las normas de acción del partido a una escala no local ni contingente, sino mundial e histórica.
Las tesis son, por su formulación, una clara plataforma internacional de ruptura con el oportunismo, una delimitación de los principios revolucionarios comunistas respecto del resto de corrientes y del programa táctico de acción a desarrollar, y anticipan y resuelven satisfactoriamente los problemas que van a minar el camino del movimiento comunista en los años inmediatamente posteriores.
En su primera parte las Tesis recorren los principios y finalidades del comunismo enunciadas en el Manifiesto del Partido Comunista, incluso con las mismas palabras, como única base de la constitución del Partido Comunista. Se recorren las etapas de la organización de la clase obrera hasta "la organización en partido político, la que realiza la constitución del proletariado en clase que lucha por su emancipación"(punto 6) y la definición inequívoca del objetivo de la acción del Partido Comunista: "la destrucción violenta de la dominación burguesa, la conquista del poder político por parte del proletariado, la organización del mismo en clase dominante." (punto 7). Reconociendo las complejidades del proceso de transformación, se identifica claramente que el "término de tal proceso es la realización completa: de la posesión y de la gestión de los medios de producción por parte de toda la colectividad unificada; de la distribución central y racional de las fuerzas productivas en las diversas ramas de la producción; de la administración central, por parte de la colectividad, en la repartición de los productos." (punto 10), es decir, una economía no mercantil y su corolario: "la abolición de las clases será un hecho consumado, y el Estado como instrumento político de poder habrá sido sustituido progresivamente por la racional administración colectiva de la actividad económica y social." (punto 11).
En la segunda parte se recorre la crítica a las diversas escuelas netamente burguesas: el idealismo filosófico (punto 2), el liberalismo y la democracia burguesa (punto 3), el reformismo, el educacionismo y el gradualismo (punto 4), el nacionalismo y la defensa de la patria (punto 5), el pacifismo (punto 6), el utopismo (punto 7); o sedicentemente obreras: el cooperativismo (punto 9), la autogestión y el sindicalismo corporativista o 'revolucionario', que considera el sindicato órgano suficiente para la revolución (punto 10, aunque sin dejar de reivindicar la acción sindical como campo necesario de una primera experiencia proletaria), el consejismo y la cogestión o cualquier forma de 'control obrero' antes de la toma del poder, incluyendo el ordinovismo gramsciano (punto 11), la nacionalización o municipalización (punto 12) y el parlamentarismo (puntos 13, 14 y 15), el corporativismo sindicalista, fascista o dannunziano (punto 16) y, finalmente, el anarquismo identificándolo correctamente como un conservador del capitalismo en el plano económico y como un derrotista de la revolución en el plano político (punto 17).
En la tercera parte se plantea el sistema de normas tácticas: se rechaza tanto el fatalismo como el voluntarismo (punto 1), se concibe un partido no nacional sino internacional (punto 2) y se anticipa el correcto enfoque acerca de la necesaria influencia del Partido sobre amplias masas para emprender la acción, sin caer en formulaciones ambiguas de carácter aritmético o democrático: "el criterio sobre la oportunidad de realizar acciones revolucionarias es la valoración objetiva de las propias fuerzas y de las del adversario, en sus complejos coeficientes de los que el número no es el único ni el más importante." (punto 3). Es vital la definición de las condiciones de actuación de los comunistas en los órganos formados exclusivamente por proletarios (punto 5), el rechazo de la entrada en cualquier institución o asociación "en las cuales proletarios y burgueses participan con el mismo título." (punto 6). Se expone el rechazo a la táctica del parlamentarismo (punto 7) y a su variante municipalista (punto 8), para reafirmar la necesidad de difundir el propósito revolucionario (punto 9), llevando también la propaganda a las filas del ejército (punto 10) y preparando una red de información y armamento que preparen al Partido para actuar como estado mayor del proletariado (punto 11). Finalmente, llega la condena del frente único político, incluso con corrientes que aceptan la acción insurreccional "pero que disienten del programa comunista en el desarrollo de la acción ulterior" (punto 12), la precisa relación entre los soviets y el Partido (punto 13), para terminar con un claro distanciamiento de la que será llamada 'táctica de la ofensiva' al establecer como tarea específica del partido "combatir, tanto a los que precipitando a toda costa la acción revolucionaria podrían empujar al proletariado al desastre, como a los oportunistas que aprovechan las circunstancias que desaconsejan la acción a fondo, para crear paradas definitivas en el movimiento revolucionario, dispersando hacia otros objetivos la acción de las masas que, por el contrario, el partido comunista debe conducir cada vez más sobre el terreno de la preparación eficaz para la indefectible lucha armada final contra las defensas del principio burgués." (punto 14).
Reunido en julio-agosto de 1920, el II Congreso es considerado como el verdadero congreso constitutivo de la Internacional.
Las cuestiones teórico-tácticas están afrontadas en el plano del marxismo en las Tesis del II Congreso, sin perjuicio de que "Quizás habría sido mejor si el congreso, en lugar de seguir la disposición de argumentos que siguió en las diversas tesis, todas teórico–tácticas, hubiese fijado las bases fundamentales de la concepción teórico–programática comunista sobre cuya aceptación se debería fundar primeramente la organización de todos los partidos adherentes; y, por consiguiente, se hubiesen formulado las normas fundamentales de acción frente al problema sindical, agrario, colonial, etc., en cuya observación disciplinada están comprometidos todos los adherentes" (Partido y Acción de Clase, 1921).
En él se aprobaron las condiciones de admisión en las que tuvo un papel destacado el representante de la Fracción Comunista Abstencionista en el Congreso. Su sentido general es claro y se resume en la condición 21ª: "Los adherentes al partido que rechacen las condiciones y las tesis establecidas por la Internacional Comunista deben ser excluidos del partido. Lo mismo ocurrirá con los delegados al congreso extraordinario". El representante de la Izquierda italiana defenderá en Moscú que: "En las confrontaciones o cuestionamientos del programa no existe disciplina. O se acepta o no se acepta; y en este último caso se deja el partido. El programa es algo común para todos, no es una propuesta de la mayoría de los compañeros."
Sin embargo, pese a los esfuerzos de la Izquierda, el redactado final de esas condiciones de admisión incluyó una serie de excepciones (las 'condiciones especiales de su país' en la elaboración del programa de la condición de admisión 15ª , el donde ello sea posible de la 16ª y las excepciones de la 20ª) que se configuraron como otras tantas puertas traseras para la entrada del oportunismo.
En este mismo II Congreso se aprobaron también las Tesis sobre la cuestión nacional y colonial. En ellas se recogía la táctica que debían seguir los comunistas y sus partidos en los países en los que la revolución anti-feudal y/o anti-colonial seguía pendiente. Se puede ver en el desarrollo del Partido Comunista de China las consecuencias nefastas de la transgresión de los límites de dicha táctica y, en particular, las consecuencias del sacrificio de la completa autonomía organizativa de la organización comunista.
Finalmente, hay que recordar siempre que en el II Congreso participan corrientes evidentemente no marxistas como el anarcosindicalista A. Pestaña, delegado de la CNT española.
Respecto a la discrepancia táctica en torno a la táctica del parlamentarismo revolucionario en relación con la táctica del abstencionismo revolucionario, es necesario recordar algunos puntos básicos:
No hay ninguna discrepancia teórico-programática entre los bolcheviques y la Izquierda: el parlamento burgués debe ser abatido y sustituido por la dictadura del proletariado. Las propias tesis de la Internacional prevén el boicot del parlamento, los bolcheviques boicotearon el parlamento en varias ocasiones.
Por el contrario, quienes se agarraban y se agarran hoy al titular de la táctica bolchevique están en realidad por la defensa del parlamento burgués y no defienden ni conciben su abatimiento y sustitución por la dictadura del proletariado. Bajo el aparente acuerdo de estas corrientes con el titular táctico, se esconde siempre una divergencia teórico-programática de fondo con el plantemiento bolchevique.
La Izquierda mantuvo siempre que la divergencia era táctica, anteponiendo la necesidad del centralismo internacional al abstencionismo, esperando de la propia experiencia la corrección de la táctica a nivel internacional, rechazando obtenerla por la vía de las tramposas "condiciones especiales", del trapicheo o del subterfugio organizativo: "el abstencionismo que nosotros intentamos hacer pasar por la puerta no debe entrar por la ventana" (Elecciones, 1921).
La Izquierda no sustentaba su abstencionismo en las dificultades de la táctica propuesta por los bolcheviques sino en la convicción de que esa táctica tenía que conducir a los partidos comunistas por la senda de los partidos socialdemócratas así como que bajo su cobijo se iban a resguardar todos aquellos que rechazaban la revolución violenta, aceptándola sólo de palabra.
Cien años después, podemos afirmar sin ninguna duda que la historia ha demostrado que el error táctico del parlamentarismo revolucionario en el capitalismo maduro no sólo no ha hecho saltar por los aires ningún parlamento burgués sino que ha sido parte del mecanismo de atenazamiento de los nacientes partidos comunistas en la camisa de fuerza del parlamento burgués.
[1920] Derrota del Ejército rojo a las puertas de Varsovia
Cuando el Ejército rojo consigue controlar suficientemente la situación en el interior de Rusia, llega tarde para apoyar los levantamientos producidos en Europa (enero de 1919 e inicios de 1920).
La derrota del Ejército rojo a las puertas de Varsovia en agosto de 1920 marcará un punto de inflexión en la posibilidad revolucionaria en Europa y el inicio de su reflujo.
[1920] Ocupación de fábricas en Italia
A continuación del II Congreso de la Internacional, la efervescencia sigue en Italia. Durante el año se habían producido ocupaciones de fábricas, movimiento que se generalizó masivamente en septiembre. Ante esta situación, el gobierno ordenó no abrir fuego contra los trabajadores sino preparar el asedio y esperar a que la acción demostrara su propia insuficiencia y los trabajadores tuvieran que abandonarla.
Las fuerzas represivas del Estado podían controlar la situación mientras los trabajadores siguieran en su acción estéril dentro de las fábricas pero no habrían podido desalojarlos y, simultáneamente, defender las posiciones del Estado burgués.
La clase obrera encerrada en las fábricas (con o sin continuación del trabajo) no representaba ningún peligro. En cambio, la clase obrera desalojada de las fábricas y puesta en situación de enfrentamiento directo con las fuerzas del Estado hubiera sido un peligro revolucionario.
El resultado final de la acción fue una situación de derrota, desmoralización y desánimo de la clase obrera. Este es el resultado necesario de acciones que - presentándose como maximalistas y definitivas - no pueden desarrollarse en un sentido revolucionario porque carecen de las premisas necesarias: el derrocamiento del poder burgués y la conquista del poder político por parte de la clase proletaria.
"La fábrica será conquistada por la clase trabajadora - y no sólo por los trabajadores de la respectiva empresa, que sería cosa demasiado leve y no comunista - sólo después de que la clase trabajadora entera se habrá apropiado del poder político (...)" (
¿Tomar la fábrica o tomar el poder?
, 1920)
[1920] Fusión de la 'izquierda' del USPD (Partido Socialdemócrata independiente) con el KPD
En diciembre se produce la fusión de la izquierda del USPD (independientes) con el KPD. Se trata de un error táctico organizativo en el sentido federalista que traduce el ánimo de ampliar la influencia por cualquier medio incluso si este medio dinamita la homogeneidad política interna del Partido y se logra a través de tratativas de tipo parlamentario con los dirigentes de otras corrientes.
El número de 440.000 miembros alcanzado por este medio no resistirá la prueba de unos pocos meses: se verá reducido menos de la mitad (180.000) en el verano de 1921.
[1921] Fundación del Partido Comunista de Italia (Livorno)
La Fracción Comunista Abstencionista consigue imponer la escisión, arrastrando a los maximalistas de izquierda y a la corriente del Ordine Nuovo, constituyendo el Partido Comunista de Italia (Sección de la 3ª Internacional) sobre la base de un programa estrictamente marxista y en línea con el II Congreso de la 3ª Internacional:
Programa del Partido Comunista de Italia - Sección de la Internacional Comunista (Livorno 1921)
Desde el nacimiento del Partido Comunista de Italia (Sección de la Internacional Comunista) en Livorno 1921, se inicia un movimiento dentro de la Internacional abanderado por la dirección del KPD (Clara Zetkin y Paul Levi) y apoyado por el Partido Comunista Francés, en defensa de Serrati, contra la escisión producida y por la reunificación inmediata con el Partido Socialista. El centrismo que campaba a sus anchas dentro de la Internacional intentaba matar al único Partido Comunista creado en Europa siguiendo exactamente el patrón fijado por el II Congreso, tal como se puede estudiar en Esbozo para la clarificación de las divergencias tácticas entre la I.C. y la Izquierda Comunista de Italia (primera parte, segunda parte)
La liquidación de la escisión es rechazada por Lenin pero el III Congreso aprobará un mandato de fusión con el PSI si éste expulsa a Turati. En palabras de Humbert-Droz: "'Livorno' se había vuelto un espectro en la Internacional, el ejemplo que había que evitar a toda costa", ésta era la valoración del tolstoiano designado como delegado para los países latinos por la Internacional acerca del único Partido Comunista que había hecho cumplir las condiciones de admisión del II Congreso... El mandato de fusión se repetirá en el IV Congreso, después que el PSI expulsara a la derecha reformista de ese partido pero no llegó a producirse por un cambio posterior en el interior del propio PSI.
[1921] Carta abierta del KPD a la SPD
P. Levi, que sería expulsado pocos meses después del Partido y de la Internacional por su actuación traicionera en la acción de marzo, envió en nombre del KPD una carta abierta a la SPD.
Este fue un primer precursor del método de las cartas abiertas que se generalizó a partir de la desviación táctica del frente único político que arruinará a la 3ª Internacional desnaturalizando su contenido político comunista.
[1921] Acción de marzo en Alemania
Las jornadas de marzo fueron provocadas por la ocupación policial de un distrito minero para desarmar a los trabajadores, a lo que se respondió por parte del KPD con un llamado insurreccional sin preparación suficiente, planteando lo que era una lucha defensiva como una ofensiva carente de las premisas adecuadas. La dirección del KPD (P. Levi) criticó públicamente como golpistas a los militantes combatientes, después de la derrota, cuando estaban siendo reprimidos por el Estado burgués.
La acción de marzo en Alemania puso de manifiesto la inestabilidad de la táctica del KPD que pasaba de la pasividad, antes del desencadenarse de hechos no previstos ni deseados ni preparados, al extremismo verbal y a la improvisación posteriores. De táctica de pasividad, inercia y parlamentarismo previa ("carta abierta" al SPD, partido de gobierno, en enero del mismo año) se oscilaba de improviso a un extremismo ofensivo condenado al fracaso por no contar con la preparación adecuada y se finalizaba la parábola con arrepentimiento de la acción y con denuncia pública de sus militantes.
El peligro real era la consolidación de un empirismo y eclecticismo situacionista en los que se reflejaba la escasa homogeneidad ideológica, ya presente en sus orígenes en el partido alemán, y ulteriormente agravada por la apresurada fusión con los independientes de izquierda.
"En las tesis sobre la función del Partido Comunista en la Revolución proletaria, aprobadas por el II Congreso de la Internacional Comunista, tesis que se inspiran verdadera y profundamente en la doctrina marxista, se asume como punto de partida la definición de las relaciones entre partido y clase, y se establece que el partido de clase no puede comprender en sus propias filas más que a una parte de la clase misma –jamás su totalidad, ni quizás aún su mayoría.
Esta verdad evidente hubiera sido mejor puesta de relieve si se hubiera precisado que no se debería ni siquiera hablar de clase cuando no existe una minoría de esta clase tendiente a organizarse en partido político." (Partido y clase, 1921)
"Un partido vive cuando viven una doctrina y un método de acción. Un partido es una escuela de pensamiento político y, por consiguiente, una organización de lucha. El primero es un hecho de conciencia, el segundo es un hecho de voluntad, más precisamente, de tendencia a una finalidad.
Sin estos dos caracteres nosotros no poseemos aún la definición de una clase. (...) Y esos dos caracteres sólo pueden encontrarse condensados, concretados en el partido de clase. (...) Cuando la masa es empujada a la acción, son sólo estos primeros grupos, que poseen la previsión de un objetivo final, los que sostienen y dirigen al resto.
(...)
Estos grupos, estas minorías, no son otra cosa que el partido. Cuando la formación del mismo ha alcanzado un cierto estadio –aunque sea seguro que ésta no avanzará jamás sin detenciones, crisis, conflictos internos –entonces podemos decir que tenemos una clase en acción. Bien que no comprende más que una parte de la clase, es sólo el partido quien le da la unidad de acción y de movimiento, porque agrupa aquellos elementos que, superando los límites de categoría y de localidad, sienten y representan a la clase." (Partido y clase, 1921)
"Esto vuelve más claro el sentido de la verdad fundamental: el partido es sólo una parte de la clase. Quien, mirando la imagen fija y abstracta de la sociedad distinguiese allí una zona, la clase, y en ella un pequeño núcleo, el partido, caería fácilmente en la consideración que toda la parte de la clase, casi siempre la mayoría, que queda fuera del partido, podría tener un peso mayor, un mayor derecho. Pero por poco que se piense que en esa gran masa restante los individuos no tienen todavía conciencia y voluntad de clase, que viven para su propio egoísmo, o para la categoría, o para la patria chica, o para la nación, se verá que para asegurar en el movimiento histórico la acción de conjunto de la clase, es necesario un organismo que la anime, la cimiente, la preceda, la encuadre –ésa es la palabra y se verá que el partido es en realidad el núcleo vital, sin el cual no habría más ninguna razón para considerar la masa restante como un haz de fuerzas." (Partido y clase, 1921)
"La verdadera y la única concepción revolucionaria de la acción de clase consiste en la delegación de la dirección de la misma al partido. El análisis doctrinal, y un cúmulo de experiencias históricas, nos permiten reducir fácilmente a las ideologías pequeño–burguesas y antirrevolucionarias toda tendencia a negar e impugnar la necesidad y la preeminencia de la función del partido." (Partido y clase, 1921)
"La revolución exige una organización de fuerzas activas y positivas, ligadas por una doctrina y por una finalidad. Capas importantes e innumerables individuos que pertenecen materialmente a la clase en cuyo interés triunfará la revolución, están fuera de esta organización. Pero la clase vive, lucha, avanza y vence, merced a la obra de aquellas fuerzas que ella ha hecho emerger de su seno en las vicisitudes de la historia. La clase parte de una homogeneidad inmediata de condiciones económicas que constituye el primer motor de la tendencia a superar, a quebrantar el sistema actual de producción; pero para asumir esta tarea grandiosa ella debe tener un pensamiento propio, un método crítico propio, y una voluntad propia que apunte a realizar los objetivos que la investigación y la crítica han señalado, una organización de combate propia que canalice y utilice con el mejor rendimiento sus esfuerzos y sus sacrificios. Todo esto es el partido." (Partido y clase, 1921)
Publicado como continuación de Partido y clase (1921), el texto Partido y acción de clase (1921) sigue precisando la necesidad de la existencia del Partido Comunista y de la preparación efectiva de su organización y experiencia con mucha antelación en relación al choque revolucionario, identificando en la continuación y capacidad de previsión del Partido su fuerza, insistiendo en la necesidad de un plan general de los métodos tácticos, de preservar el Partido de la entrada de elementos dudosos. Finalmente, sin necesidad de ninguna fórmula de sabor democrático vinculada a nebulosas y engañosas mayorías, se insistía en la necesidad de preparar adecuadamente la acciones ofensivas verificando que se cumplen las premisas objetivas para su desencadenamiento y desarrollo. De esta forma, evitando una situación como la de las recientes jornadas de marzo en Alemania, se evitaba también la ambigüidad de sabor democrático que se lanzaría como consigna en el III Congreso de la Internacional, con su conquista de la mayoría.
"Un partido es un conjunto de personas que tienen las mismas concepciones generales del desarrollo de la historia, que tienen una noción precisa de las finalidades de la clase que representan, y que tienen preparado un sistema de soluciones de los diferentes problemas que el proletariado enfrentará cuando devenga la clase gobernante. Por ello, el gobierno de clase sólo podrá ser gobierno de partido." (Partido y acción de clase, 1921)
"Ante todo, es evidente que el proletariado no estaría maduro para afrontar los dificilísimos problemas del período de su dictadura, si el órgano indispensable para resolverlos, el partido, no hubiese comenzado desde mucho antes a constituir el cuerpo de sus doctrinas y de sus experiencias." (Partido y acción de clase, 1921)
"Pero aún para las necesidades directas de la lucha que debe culminar en el derrocamiento revolucionario de la burguesía, el partido es el órgano indispensable de toda la acción de la clase; más aún, no se puede hablar lógicamente de verdadera acción de clase (esto es, que sobrepase los límites de los intereses de categorías o de los problemuchos contingentes) mientras no se esté en presencia de una acción de partido." (Partido y acción de clase, 1921)
"La tarea indispensable del partido se ejerce pues de dos maneras: como hecho de conciencia primero, y luego como hecho de voluntad. La primera se traduce en una concepción teórica del proceso revolucionario, que debe ser común a todos los adherentes; la segunda, en la aceptación de una disciplina precisa que asegure la coordinación y, por lo tanto, el éxito de la acción." (Partido y acción de clase, 1921)
"No existe pues una relación definida o definible entre los efectivos del partido y la gran masa de los trabajadores. Una vez establecido que el partido cumple su función como minoría, sería bizantinismo indagar si debe ser una minoría pequeña o grande. " (Partido y acción de clase, 1921)
"En la hipótesis abstracta del desarrollo continuo de las energías revolucionarias de la masa, el partido va aumentando continuamente sus propias fuerzas numéricas y políticas, crece cuantitativamente, permaneciendo cualitativamente igual, mientras crece la proporción de los comunistas respecto a los proletarios. En la situación real, en la cual los variados factores constantemente cambiantes del ambiente social se reflejan de manera compleja sobre las disposiciones de las masas, el partido comunista –que aunque sea el conjunto de aquellos que, conocen y comprenden mejor que el resto de la masa los caracteres de aquel desarrollo, no deja de ser un efecto de ese mismo desarrollo– no puede dejar de sufrir esas alternativas, y a pesar de actuar constantemente como un factor de aceleración revolucionario, no puede, gracias a un refinamiento de método cualquiera, forzar o invertir la esencia fundamental de las situaciones." (Partido y acción de clase, 1921)
"Una vez que los partidos comunistas están basados sólidamente sobre los resultados de la doctrina y de la experiencia histórica acerca de los caracteres precisos del proceso revolucionario –resultados que sólo pueden ser internacionales, y dar lugar pues a normas internacionales–, su fisonomía organizativa debe considerarse como definida, y debe admitirse que su facultad de atraer y de potenciar a las masas dependerá de su fidelidad a una estricta disciplina programática y organizativa." (Partido y acción de clase, 1921)
"Al estar dotado de una conciencia teórica, apoyada en las experiencias internacionales del movimiento, que lo vuelve capaz de afrontar las exigencias de la lucha revolucionaria, el partido comunista tiene la garantía –aun cuando las masas se alejen parcialmente de su lado en ciertas fases de su vida– de tenerlas en torno suyo cuando se planteen aquellos problemas revolucionarios que sólo admiten como solución aquella que está trazada en sus programas. Cuando las exigencias de la acción mostrarán la necesidad de un aparato dirigente centralizado y disciplinado, el partido comunista, habiendo inspirado su constitución en tales criterios, vendrá a ponerse a la cabeza de las masas en movimiento." (Partido y acción de clase, 1921)
"De todo ello, queremos sacar la conclusión de que los criterios que deben servir para juzgar la eficiencia de los partidos comunistas deben ser bien diferentes del control numérico 'a posteriori' de sus fuerzas comparadas con las de los otros partidos que se reivindican del proletariado. Estos criterios sólo pueden consistir en la definición exacta de las bases teóricas del programa del partido, y de la rígida disciplina interna de todas sus organizaciones y de sus miembros, que asegure la utilización del trabajo de todos para el mejor éxito de la causa revolucionaria. Toda otra forma de intervención en la composición de los partidos que no proceda lógicamente de la aplicación precisa de tales normas, no conduce más que a resultados ilusorios, y despoja al partido de clase de su fuerza revolucionaria más grande, que reside justamente en la continuidad doctrinal y organizativa de toda su predicación y de su obra, en el haber sabido 'decir con antelación' cómo se presentaría el proceso de la lucha final entre las clases, y en el haberse dado aquel tipo de organización que corresponde bien a las exigencias del período decisivo." (Partido y acción de clase, 1921)
"Nunca se procederá suficientemente rápido para sistematizar el movimiento internacional en base a tales normas internacionalmente obligatorias, porque tal como lo hemos dicho, la gran fuerza que debe guiarlo en el cumplimiento de su tarea de propulsor de las energías revolucionarias, es la demostración de una continuidad en el pensamiento y en la acción hacia una meta precisa, que un día aparecerá a los ojos de las masas, provocando su polarización hacia el partido de vanguardia y, con ello, las mejores probabilidades de victoria en la revolución." (Partido y acción de clase, 1921)
"No se debe pues optar por los partidos grandes o por los pequeños; no se debe pretender que se tenga que invertir todas las bases de ciertos partidos con el pretexto de que no son 'partidos de masa'; se debe exigir que los partidos comunistas se funden por doquier sobre sólidas normas de organización programáticas y tácticas, en las cuales se compendien las mejores experiencias internacionalmente adquiridas de la lucha revolucionaria.
Por más difícil que sea ponerlo en evidencia sin larguísimas consideraciones y citas de hechos sacados de la vida del movimiento proletario, todo esto no procede de un deseo abstracto y estéril de tener, de ver partidos puros, perfectos, ortodoxos, sino precisamente de la preocupación de alcanzar de la manera más eficiente y segura, la realización de las tareas revolucionarias del partido de clase.
" (Partido y acción de clase, 1921)
"El movimiento comunista internacional debe estar compuesto no sólo por los que están firmemente convencidos de la necesidad de la revolución, que están dispuestos a luchar por ella a costa de cualquier sacrificio, sino también por los que están decididos a moverse sobre el terreno revolucionario aún si las dificultades de la lucha indicarán que la meta es más abrupta y menos cercana.
En el momento de la crisis revolucionaria aguda, obrando sobre la sólida base de nuestra organización internacional, polarizaremos en torno nuestro a los elementos que hoy están todavía indecisos, y prevaleceremos sobre los partidos socialdemócratas de todos los matices.
Si las posibilidades revolucionarias serán menos inmediatas, no correremos ni por un instante el riesgo de dejarnos distraer del tejer nuestra red de preparación, y de replegarnos hacia la solución de otros problemas contingentes, con lo cual la burguesía sola sacaría provecho.
" (Partido y acción de clase, 1921)
"Ningún comunista puede presentar objeciones contra el empleo de la acción armada, de las represalias, incluso del terror, y negar que el partido comunista deba ser el gerente directo de estas formas de acción que exigen disciplina y organización. Asimismo, es infantil la concepción según la cual el empleo de la violencia y las acciones armadas están reservadas para el 'gran día' en que será lanzada la lucha suprema por la conquista del poder. Es ínsito en la realidad del desarrollo revolucionario que se produzcan choques sangrientos entre el proletariado y la burguesía antes de la lucha final: no sólo podrá tratarse de tentativas proletarias no coronadas por el éxito, sino también de los inevitables encuentros parciales y transitorios entre grupos proletarios impulsados a sublevarse y las fuerzas de la defensa burguesa, y aún entre escuadras de las 'guardias blancas' burguesas y trabajadores atacados y provocados por éstas. Y tampoco es correcto afirmar que los partidos comunistas deban desautorizar tales acciones y reservar todo el esfuerzo para un cierto momento final, pues para toda lucha es necesario un entrenamiento y un período de instrucción, y la capacidad revolucionaria de encuadramiento del partido debe comenzar a formarse y a probarse en estas acciones preliminares." (Partido y acción de clase, 1921)
"La acción ofensiva del partido sólo es concebible cuando las situaciones económicas y sociales reales ponen en movimiento a las masas para solucionar problemas que conciernen directamente su destino, y que las conciernen en su más amplia extensión, creando una profunda agitación cuyo desarrollo en el verdadero sentido revolucionario exige indispensablemente la intervención del partido para fijarle claramente los objetivos generales, para encuadrarla en una acción racional bien organizada, incluso desde el punto de vista de la técnica militar." (Partido y acción de clase, 1921)
"No se crean ni los partidos ni las revoluciones.
Se dirigen los partidos y las revoluciones*, unificando las experiencias revolucionarias internacionales útiles, en vista de asegurar los mejores coeficientes a la victoria del proletariado en la batalla que es el desemboque infalible de la época histórica en que vivimos. Nos parece que ésta debe ser la conclusión." (Partido y acción de clase, 1921)
* Diremos incidentalmente que de vez en cuando escuchamos balbucear estas palabras a corrientes de creyentes en el partido por generación espontánea o en el partido caído del cielo, ya sea por falta de comprensión lectora o por autosugestión 'espontánea' o por no haber leído el texto entero y conocer sólo la frase de oídas. Y, efectivamente, "no se crean ni los partidos ni las revoluciones":
No se crean los partidos como querían hacer los futuros liquidadores de la 3ª Internacional, construyéndolos como un traje a medida, según la ocasión, con los ajustes necesarios para ser un partido de masas. La fisonomía del Partido Comunista deriva ineluctablemente de los "resultados de la doctrina y de la experiencia histórica", no según la situación, no quitando y poniendo partes de sus postulados programáticos como si fueran ingredientes opcionales de una receta de cocina.
No se crean las revoluciones porque "la acción ofensiva del partido sólo es concebible cuando las situaciones económicas y sociales reales ponen en movimiento a las masas para solucionar problemas que conciernen directamente su destino, y que las conciernen en su más amplia extensión" y porque "a pesar de actuar constantemente como un factor de aceleración revolucionario, no puede, gracias a un refinamiento de método cualquiera, forzar o invertir la esencia fundamental de las situaciones".
Se dirigen las revoluciones y los partidos, cuya fisonomía "debe considerarse como definida" una vez que "están basados sólidamente sobre los resultados de la doctrina y de la experiencia histórica". A partir de ese momento, debe admitirse que "su facultad de atraer y de potenciar a las masas dependerá de su fidelidad a una estricta disciplina programática y organizativa". El Partido comunista debe -dice el texto- "actuar constantemente como un factor de aceleración revolucionario", basar su fuerza en la demostración de la "continuidad doctrinal y organizativa de toda su predicación y de su obra, en el haber sabido 'decir con antelación' cómo se presentaría el proceso de la lucha final" y "haberse dado aquel tipo de organización que corresponde bien a las exigencias del período decisivo", proceder a la "demostración de una continuidad en el pensamiento y en la acción hacia una meta precisa", incluyendo a sus filas solamente a los que también "están decididos a moverse sobre el terreno revolucionario aún si las dificultades de la lucha indicarán que la meta es más abrupta y menos cercana" de tal modo que "si las posibilidades revolucionarias serán menos inmediatas, no correremos ni por un instante el riesgo de dejarnos distraer del tejer nuestra red de preparación" para, en un momento posterior, "provocar su polarización [de las masas] hacia el partido de vanguardia". Para ello es necesario que el Partido haya empezado "desde mucho antes a constituir el cuerpo de sus doctrinas y de sus experiencias", porque es la única manera de demostrar la continuidad en el pensamiento y en la acción a los ojos de la clase obrera y porque "para toda lucha es necesario un entrenamiento y un período de instrucción, y la capacidad revolucionaria de encuadramiento del partido debe comenzar a formarse y a probarse en estas acciones preliminares".
'Avanguardias precursoras de la clase', 'animar', 'cimentar', 'preceder, 'encuadrar' (Partido y clase, 1921) 'preparación', 'mucho antes', 'con antelación, 'constantemente', 'continuidad', 'entrenamiento', 'instrucción', 'formarse', 'probarse' (Partido y acción de clase, 1921)... si alguien ha leído estos textos y ha 'entendido' que el Partido nacerá por 'generación espontánea', en una 'dinámica de fuerzas en lucha', etc. puede desaparecer sin provocar ningún daño a la revolución.
El III Congreso estuvo marcado por la acción de marzo en Alemania y se establece como tarea fundamental la conquista de las masas, de la mayoría de la clase obrera. La valoración del Congreso considera todavía que el proletariado se encuentra a la ofensiva, en medio de un optimismo un tanto forzado y artificial.
La fórmula de la mayoría de la clase obrera no tenía para Lenin una connotación democrática: "La conquista de la mayoría no es entendida ciertamente por nosotros de un modo formal como la entienden los paladines de la democracia filistea... Cuando en julio de 1921, en Roma, todo el proletariado –el proletariado reformista y el proletariado centrista del partido de Serrati –ha seguido a los comunistas contra los fascistas, se tuvo la conquista de la mayoría de la clase obrera por parte nuestra... Se trataba solamente de una conquista parcial, momentánea, local. Mas era la conquista de la mayoría" (Lenin, Carta a los comunistas alemanes, 14 de agosto de 1921). Pero la palabra mayoría siguió allí y sí que tuvo una connotación democrática para la práctica totalidad de la Internacional (véase el hipertrofiado pero inoperante Partido Checoslovaco con sus 400.000 militantes). De hecho se impuso, en las desviaciones tácticas que llegarían poco después.
Se trata, en cualquier caso, de una fórmula ambigua y demasiado amplia que no especifica dónde ni en qué plazo debería computarse esta mayoría y que, por su ambiguedad, se convirtió de hecho en un reforzamiento de la concepción democrático aritmética de la actuación de los partidos.
La Izquierda había estado siempre de acuerdo en la necesidad de que para emprender la acción ofensiva se debían reunir las condiciones de influencia necesaria del Partido dentro del proletariado, habiendo expresado con precisión los condicionantes y elementos de valoración en las Tesis de la Fracción Comunista Abstencionista del PSI (1920) (III, punto 14) y, entre marzo y el Congreso, en Partido y acción de clase (1921), dejando claro que el número era un elemento pero no el único ni el más determinante.
El Congreso expulsó a P. Levi (inaugurador del método luego generalizado de las cartas abiertas, en enero del mismo año) por haber criticado la acción de marzo en su derrota, traicionando a los militantes que combatieron y confirmó la exclusión del PSI de la Internacional después de la constitución del PC de Italia, aunque con un mandato de fusión para el segundo si el primero expulsaba a su derecha reformista más obvia.
Lenin tuvo que admitir posteriormente que, en el desarrollo del III Congreso, se había situado en la extrema derecha por temor a un giro demasiado izquierdista: "Debo confesar que cometí un error en el III Congreso de la Internacional Comunista también por exceso de cautela. En este congreso yo ocupaba el flanco de la extrema derecha." (Lenin, Notas de un Publicista, 1922).
"El III Congreso había constatado correctamente que no era suficiente (ya en 1921 se podía prever que la gran oleada revolucionaria, que siguió a la finalización de la guerra en 1918, se iba enfriando, y que el capitalismo habría intentado contraofensivas, ya sea en el campo económico como en el político) haber formado partidos comunistas estrechamente comprometidos con el programa de la acción violenta, de la dictadura proletaria y el Estado comunista, si una amplia parte de las masas proletarias permanecía accesible a las influencias de los partidos oportunistas, por todos nosotros considerados entonces como los peores instrumentos de la contrarrevolución burguesa, y que tenían las manos manchadas de sangre de Carlos y de Rosa. No obstante, la Izquierda Comunista no aceptó la fórmula de que fuese condición indispensable para la acción revolucionaria (desechable como iniciativa blanquista de pequeños partidos) la conquista de la 'mayoría' del proletariado (por otro lado, no se supo jamás si se trataba del verdadero proletariado asalariado o del 'pueblo', incluyendo campesinos propietarios y microcapitalistas, artesanos y todo otro pequeño burgués). Tal fórmula de la mayoría, con su sabor democrático despertaba una primera alarma, desdichadamente verificada por la historia, de que el oportunismo pudiese renacer introducido bajo la típica bandera del homenaje a los conceptos mortíferos de democracia y de recuento electoral."
Lenin, en Notas de un Publicista expone con extrema precisión el contenido, perspectivas y situación del momento de la revolución iniciada en octubre de 1917:
"El proletariado de Rusia se ha elevado en su revolución a una altura gigantesca, y no sólo en comparación con los años de 1789 y 1793, sino también con el de 1871. Hay que darse cuenta, de la manera más serena, clara y palmaria, de qué es precisamente lo que 'hemos hecho hasta el fin' y lo que no hemos hecho hasta el fin; entonces tendremos la cabeza despejada, no nos dará vértigo, ni nos haremos ilusiones, ni caeremos en el abatimiento.
'Hemos hecho hasta el fin' la revolución democrática burguesa con tanta 'nitidez', como jamás se hizo en el mundo. Esta es una gran conquista que ninguna fuerza nos quitará.
(...)
Hemos creado el tipo soviético de Estado, dando con ello comienzo a una nueva época histórica universal, a la época de la dominación política del proletariado, que ha venido a sustituir a la época de la dominación de la burguesía. Eso tampoco se nos puede quitar ya, pese a que "hacer hasta el fin" el tipo soviético de Estado no lo logrará en la práctica más que la clase obrera de varios países.
Mas no hemos colocado del todo siquiera los cimientos de la economía socialista. Eso aún nos lo pueden quitar las fuerzas hostiles del capitalismo agonizante. Debe tenerse clara conciencia de esto y reconocerse abiertamente, pues no hay nada más peligroso que las ilusiones (y el vértigo, sobre todo a grandes alturas). Y no tiene absolutamente nada de "horrendo", nada que dé motivo justificado para el menor abatimiento, reconocer esa amarga verdad, pues siempre hemos predicado y repetido la verdad elemental del marxismo de que para la victoria del socialismo hacen falta los esfuerzos conjuntos de los obreros de varios países adelantados. Seguimos estando solos, y hemos hecho increíblemente mucho en nuestro atrasado país, en nuestro país, más arruinado que otros. "
[1921] Resolución del Ejecutivo de la Internacional Comunista sobre el 'Frente único'
El 28 de diciembre de 1921, el Ejecutivo de la 3ª Internacional publica una resolución en la que modifica la valoración de la situación considerando que la burguesía había pasado a la ofensiva (en realidad la fase había cambiado mucho antes) y estableciendo la táctica del frente único con la Internacional 2ª y la 2ª ½.
Con esta resolución se retomaba el método inaugurado por P. Levi en enero de 1921 (el mismo que había sido expulsado en agosto por su actuación posterior a la acción de marzo) del envío de cartas abiertas a los partidos socialdemócratas.
Es verdad que la resolución de la Internacional insistía sobre el mantenimiento de la absoluta independencia del partido, como premisa irrenunciable del frente único político: pero la independencia no es una categoría metafísica; es un hecho real, que se destruye no sólo en la hipótesis extrema de la constitución de los comités mixtos de acción o de alianzas parlamentarias (no digamos luego, como se exigirá a continuación, gubernativas), sino también en aquella más embrionaria de las cartas abiertas y de las propuestas de acción común que desde el inicio se sabe que serán ciertamente rechazadas y, precisamente por ser rechazadas, serían utilizables para desenmascarar al adversario.
El frente único político con la socialdemocracia significaba volver a juntarse con los traidores de 1914 de los que tanto había costado separarse, con los verdugos de la revolución y asesinos de comunistas en Europa y Rusia, con un agente larvado de la burguesía, significaba olvidarse de La función de la socialdemocracia (febrero, 1921). Esto tenía que producir necesariamente el doble efecto de confundir al conjunto del proletariado y de arrastrar a los partidos comunistas a la táctica y actuación práctica de la socialdemocracia, sacrificando de facto su independencia política.
En las contemporáneas Tesis sobre la cuestión de las reparaciones, se alude ya también a la posible participación comunista en un gobierno obrero, anticipando el siguiente extravío táctico y la nefasta entrada en los gobiernos de Sajonia y Turingia de octubre de 1923: "El problema de si los comunistas en Alemania deban o no entrar en un gobierno obrero, no es de principio sino de oportunidad [!!!]. La decisión de esto depende del grado de fuerza que la clase obrera posea en el momento en el cual asuma el gobierno, y respectivamente de las posibilidades que se ofrezcan de aumentar inmediatamente esta fuerza."
[1922] Tesis sobre la táctica del Partido Comunista de Italia - Roma
Un mes después de la sorpresiva resolución del Ejecutivo de la Internacional sobre el frente único y un mes antes de que se reuniera el I Ejecutivo Ampliado para tratar esta cuestión, el Partido Comunista de Italia, dirigido por la Izquierda, aprueba las
Tesis sobre la táctica del Partido Comunista de Italia - Roma (1922).
Las Tesis de Roma sobre la táctica son la respuesta estructurada a la cuestión de qué tipo de frente único es coherente como táctica derivada de los principios comunistas en el capitalismo maduro y la superación de qué límites convierten esta táctica en un sometimiento a la socialdemocracia y a un vaciamiento del contenido comunista de los partidos. Las Tesis contienen una solución completa del problema de la táctica en el capitalismo maduro y una delimitación específica de las posibilidades de aplicación de la táctica del frente único, excluyendo el frente único político o por arriba y reivindicando como única variante correcta el frente único sindical o por abajo.
La Izquierda pudo responder tan rápido y de un modo tan completo desde la dirección del Partido Comunista de Italia, con el apoyo de la práctica totalidad del mismo, porque la Izquierda había desarrollado toda su lucha anterior como corriente marxista intransigente en un ambiente de capitalismo ya desarrollado y maduro. Este ambiente era el que imperaba en Europa pero no era el ambiente en el que los bolcheviques habían tenido que desarrollar su actuación en el marco de la doble revolución, que inicia con un una revolución anti-feudal (y, por lo tanto, democrática-burguesa) en la que otras clases además del proletariado jugaban un papel revolucionario anti-feudal. Ese es el motivo por el que los bolcheviques no tenían ni podían aportar una solución a los problemas de la táctica en el capitalismo y de democracia maduros.
El I Ejecutivo Ampliado del 21 de febrero al 4 de marzo de 1922 aprueba la declaración de diciembre del Ejecutivo de la Internacional sobre el frente único en su interpretación errónea de frente único político.
Ese mismo Ejecutivo Ampliado aprueba la participación de la 3ª Internacional en la conferencia conjunta con la Internacional 2ª y la 2ª ½ en abril.
Un representante de la Izquierda en el Ejecutivo Ampliado sintetizó la situación de la siguiente manera: "Es posible, pensamos nosotros, que con los medios sugeridos por el Ejecutivo se conquisten las masas; pero no dispondremos nunca más de partidos comunistas; tendremos partidos que se parecerán como gotas de agua a los viejos partidos socialistas".
Durante las sesiones, las posiciones de la Izquierda italiana serán tergiversadas y presentadas de tal forma que incluso nosotros estaríamos en contra. Luego se dirigen los golpes contra este espantajo creado para la ocasión, en lugar de analizar las posiciones y argumentos realmente planteados. En esta ocasión correspondió a Trotski aplicar este método, que será cada vez más habitual contra la Izquierda, para hacer pasar las tesis del frente único político. Basta la lectura de las Tesis de Roma en comparación con el discurso de Trotski para darse cuenta de su desconocimiento de las posiciones de la Izquierda italiana o de su tergiversación consciente de las mismas.
Un artículo publicado en marzo de 1922, remacha:
"Para nosotros la existencia independiente del partido comunista es aún una fórmula vaga, si no se precisa el valor de aquella independencia sobre la base de las razones que nos han impuesto construirla a través de la escisión, y que la identifican con la conciencia programática y la disciplina organizativa del grupo. El contenido y la directriz programática del partido, que en su militancia, y en aquella más amplia que encuadra sindicalmente y en otros campos, no es una máquina bruta, sino precisamente al mismo tiempo un producto y un factor del proceso histórico, pueden ser influenciados desfavorablemente por actitudes erróneas de la táctica.
(...)
Son límites tácticos que no traza la teoría, sino la realidad, y esto es tan verdadero que, sin ser pájaros de mal agüero, nosotros prevemos que si se continúa exagerando en este método de ilimitadas oscilaciones tácticas y de las coincidencias entre partes políticas opuestas, se demolerá poco a poco el resultado de sangrientas experiencias de la lucha de clase, para llegar, no a éxitos geniales, sino a la extinción de las energías revolucionarias del proletariado, corriendo el riesgo de que una vez más el oportunismo celebre sus saturnales sobre la derrota de la revolución, cuyas fuerzas él ya pinta como inciertas y vacilantes, y encaminadas sobre la vía de Damasco." (La tarea de nuestro partido, en 'Il Comunista' de 21 de marzo de 1922).
[1922] II Ejecutivo ampliado: 'gobierno obrero'
En el II Ejecutivo Ampliado se lanza oficialmente la consigna del gobierno obrero, consecuencia lógica de la conquista de la mayoría del III Congreso y del frente único político.
La consigna del gobierno obrero es no solamente una desviación táctica sino también y ante todo una desviación programática porque el marxismo no admite otro gobierno obrero que no sea la dictadura del proletariado.
Por lo demás, esta consigna nunca se definió con precisión y sufrió diversas mutaciones a lo largo de los siguientes años. Detrás de la pretensión de hacer accesible a las masas el concepto de la dictadura del proletariado se disimulaba muy mal el verdadero objetivo de participar en gobiernos burgueses, etiquetándolos como obreros por ser controlados por socialdemócratas.
Quien quiere hacer accesible a las masas obreras el concepto de la dictadura del proletariado no tiene necesidad de pseudónimos ni sucedáneos. Los pseudónimos y sucedáneos sólo convienen a quien quiere generar confusión o esconder sus verdaderas intenciones.
Nosotros habíamos aprendido, primero con Marx y luego con Lenin que:
"Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente." (Manifiesto del Partido Comunista, 1848)
"Todo se reduce a que el Estado burgués, que ejerce la dictadura de la burguesía mediante la república democrática, no puede reconocer ante la clase obrera que sirve a la burguesía, no puede decir la verdad y tiene que recurrir a la doblez.
En cambio, el Estado del tipo de la Comuna, el Estado soviético dice franca y honradamente la verdad a la clase obrera, declarando que es la dictadura del proletariado." (La revolución proletaria y el renegado Kautsky, Lenin, 1918)
[1922] Marcha sobre Roma
No obstante los esfuerzos del partido, se llegó tarde (en agosto de 1922) a la acción general y la derrota proletaria fue inevitable.
En agosto de 1922, en el punto máximo de una violenta batalla defensiva en todos los frentes del proletariado italiano, la Alianza del Trabajo decide la proclamación de una huelga general*. Sin embargo, los reformistas no ven en ella más que un medio de presión para resolver la crisis gubernamental en el sentido de una coalición liberal–socialdemócrata.
La CGL está tan poco convencida de su política, y sobre todo de su capacidad de control de las masas, que la orden 'secreta' de la huelga es dada a conocer públicamente por un órgano socialdemócrata y confederal, 'Il Lavoro', permitiendo así que el Estado y las escuadras negras entren oportunamente en acción. La huelga misma es suspendida después de 24 horas, mientras que las masas se movilizaron sin la más mínima deserción y continuaron batiéndose con espléndido valor contra las fuerzas represivas.
Desde entonces, el fascismo, abiertamente apoyado en la lucha violenta por las fuerzas del Estado dirigido por la democracia liberal, fue el dueño del país, y sólo más tarde se coreografió la formalización legal de su predominio con la marcha sobre Roma.
*Nótese que la potentísima CGL tuvo que confiarse a la red clandestina del Partido Comunista de Italia para impartir en código las disposiciones de la huelga del 1 de agosto.
[1922] Agosto: Sumisión del PCCh al Kuomintang
El 1 de julio de 1921 se había fundado en Shanghái el Partido Comunista de China, el cual debía actuar conforme a las Tesis sobre la cuestión nacional y colonial aprobadas en el II Congreso de la Internacional.
Sin embargo, ya en agosto de 1922 el enviado de la Internacional Maring impone la decisión de que los miembros del Partido Comunista de China tienen que afiliarse también al Kuomintang, argumentando que se debía “transformar desde dentro”, imposición completamente contraria a las tesis del II Congreso.
Las Tesis sobre la cuestión nacional y colonial del II Congreso habían establecido las siguientes límites tácticos:
“11.- En lo referente a los estados y a las naciones más atrasados, donde predominan las relaciones feudales, patriarcales o patriarcal-campesinas, es preciso tener presente sobre todo: (…) e) La necesidad de luchar resueltamente contra los intentos hechos por los movimientos de liberación, que no son en realidad ni comunistas ni revolucionarios, de adoptar el color del comunismo. La Internacional Comunista debe apoyar los movimientos revolucionarios en los países coloniales y atrasados, sólo a condición que los elementos de los futuros partidos proletarios, comunistas no sólo por su nombre, se agrupen y se eduquen en todos los países atrasados en la conciencia de la misión especial que les incumbe: luchar contra los movimientos democrático-burgueses dentro de sus naciones; la Internacional Comunista debe sellar una alianza temporal con la democracia burguesa de los países coloniales y atrasados, pero no debe fusionarse con ella y tiene que mantener incondicionalmente la independencia del movimiento proletario incluso en sus formas más embrionarias.” (Tesis sobre la cuestión nacional y colonial, II Congreso de la Internacional Comunista, agosto de 1920).
“9.- (…) En su primer estadio, la revolución en las colonias debe tener un programa que incluya reformas pequeñoburguesas tales como el reparto de la tierra. Pero eso no significa necesariamente que la dirección de la revolución deba ser abandonada en manos de la democracia burguesa. Por el contrario, el partido proletario debe desarrollar una propaganda poderosa y sistemática a favor de los sóviets, y organizar los sóviets de campesinos y de obreros. Esos sóviets deberán trabajar en estrecha colaboración con las repúblicas soviéticas de los países capitalistas adelantados para lograr la victoria final sobre el capitalismo en todo el mundo.” (Tesis suplementarias sobre la cuestión nacional y colonial, II Congreso de la Internacional Comunista, agosto de 1920).
[1922] Proyecto de Tesis presentado por el PC de Italia al IV Congreso de la Internacional Comunista
El proyecto de Tesis sintetiza el contenido de las Tesis de Roma y recuerda que, en el correcto planteamiento marxista, tampoco el frente único por abajo es de aplicación mecánica sin valorar si su desarrollo previsible no conduce a un reforzamiento de la influencia de los planteamientos comunistas:
"Por tanto, la táctica del frente único es un medio para la conquista de una influencia ideológica y organizativa preponderante del partido.
La tendencia instintiva de las masas a la unidad debe ser utilizada cuando pueda servir para el empleo favorable de la táctica del frente único; debe ser combatida cuando conduzca al resultado opuesto.
Por consiguiente, el grave problema táctico del frente único presenta límites fuera de los cuales nuestra acción no cumpliría con sus propios fines. (...)" (Proyecto de Tesis presentado por el PC de Italia a IV Congreso de la Internacional Comunista, 1922)
El IV Congreso de la 3ª Internacional ratifica definitivamente la táctica del frente único político así como la del gobierno obrero y, un mellizo suyo, el gobierno obrero y campesino.
Lo que todos los marxistas habíamos aprendido a criticar como una traición incluso en tiempos de la 2ª Internacional, se consagraba ahora como táctica estrella de la Internacional Comunista.
Lenin, en Marxismo y revisionismo (1908), describe con demasiada precisión el punto de llegada de la pendiente por la que la Internacional Comunista empezaba a resbalar:
"La experiencia de las alianzas, acuerdos, bloques con el liberalismo socialreformista en la Europa Occidental y con el reformismo liberal (kadetes) en la revolución rusa, muestra de manera convincente que esos acuerdos, al unir a los elementos combativos con los elementos menos capaces de luchar, con los más vacilantes y traidores, sólo embotan la conciencia de las masas, y no refuerzan, sino que debilitan la importancia real de su lucha. El millerandismo* francés - la más grande experiencia de aplicación de la táctica política revisionista en una escala de amplitud realmente nacional - nos ha ofrecido una valoración práctica del revisionismo que el proletariado del mundo entero jamás olvidará.
El complemento natural de las tendencias económicas y políticas del revisionismo era su actitud hacia la meta final del movimiento socialista. 'El objetivo final no es nada; el movimiento lo es todo': esta expresión proverbial de Bernstein pone en evidencia la esencia del revisionismo mejor que muchas largas disertaciones. Determinar su comportamiento caso por caso, adaptarse a los acontecimientos del día, a los virajes de las minucias políticas, olvidar los intereses cardinales del proletariado y los rasgos fundamentales de todo el régimen capitalista, de toda la evolución del capitalismo, sacrificar esos intereses cardinales en aras de las ventajas verdaderas o supuestas del momento: ésta es la política del revisionismo. Y de la esencia misma de esta política se deduce, con toda evidencia, que puede adoptar formas infinitamente diversas y que cada problema más o menos 'nuevo', cada viraje más o menos inesperado e imprevisto de los acontecimientos - aunque sólo altere la línea fundamental del desarrollo en proporciones mínimas y por el plazo más corto -, provocará siempre, sin falta, una u otra variedad de revisionismo." (Lenin, Marxismo y revisionismo, 1908)
*El millerandismo es precisamente la entrada de partidos proletarios en gobiernos burgueses.
[1923] Detención de los dirigentes del PC de Italia por el fascismo
La detención de los dirigentes del PC de Italia por el fascismo proporciona el pretexto al Ejecutivo de la 3ª Internacional para desplazar a la Izquierda de la Dirección del Partido Comunista de Italia y poner en su lugar a una dirección ordinovista, es decir, primero a Togliatti y luego también a Gramsci.
[1923] III Ejecutivo ampliado: 'bolchevismo nacional'
En enero de 1923, el ejército francés ocupó el Ruhr para hacerse pagar la indemnización del Tratado de Versalles.
Eso dió pie a una política de agitación y colaboración entre el Partido Comunista Alemán y la burguesía alemana, sustentada en la teorización de que Alemania se había convertido en una colonia que estaba siendo expoliada por Francia. Por lo tanto, el movimiento patriota alemán sería un movimiento anticolonial y la burguesía pasaría a ser revolucionaria pese a encontrarnos en una situación de pleno capitalismo.
En junio de 1923, en el III Ejecutivo ampliado, Zinóviev (presidente de la Internacional), se vanagloriaba de que la burguesía reconociera el bolchevismo nacional del Partido Comunista y de que ello demostraría que ese partido habría adquirido una psicología de masas.
Todo esto es, evidentemente, una desviación programática que contradice el marxismo y las Tesis del II Congreso sobre la cuestión nacional y colonial.
Las similitudes con el socialismo nacional del Partido Socialista Nacional Obrero de Alemania de Hitler son excesivas y, de hecho, se llegaron a realizar meetings conjuntos hasta que se repudiaron por parte de... los nazis.
Como denunciaba la Izquierda en El comunismo y la cuestión nacional (1924), este eclecticismo táctico que cortaba toda relación con los principios que habían originado determinadas tácticas, conducía a una auténtica revisión que convertía la actuación en social-nacionalista.
"He aquí cómo el olvidar el origen de principio de las soluciones políticas comunistas puede llevar a aplicarlas allí donde faltan las condiciones que las han sugerido, bajo el pretexto que cualquier complicado expediente se pueda utilizar siempre útilmente. No puede no considerarse como un fenómeno que tiene cierta analogía con las empresas del social-nacionalismo, el hecho de que el compañero Radek, para sostener en una reunión internacional la táctica fomentada por él, “descubra” que el gesto del nacionalista sacrificándose en la lucha contra los franceses del Ruhr tiene que ser exaltado por los comunistas en nombre del principio (nuevo para nosotros, e inaudito), que por encima de los partidos se deba sostener a cualquiera que se sacrifique por su idea.
Un deplorable empequeñecimiento es el que reduce la tarea del gran proletariado de Alemania a una emancipación nacional: cuando nosotros esperamos de este proletariado y de su partido revolucionario que éste consiga vencer no para sí, sino para salvar la existencia y la evolución económica socialista de la Rusia de los Soviets, y para descargar contra las fortalezas capitalistas de occidente la llamarada de la Revolución mundial, despertando a los trabajadores de los otros países por un momento inmovilizados por los últimos conatos contra-ofensivos de la reacción burguesa." (El comunismo y la cuestión nacional, 1924)
El texto recuerda que la vía por la que se vehiculizó la traición de la 2ª Internacional al estallar la guerra en 1914 fue la del descubrimiento improvisado de principios superiores por encima de la lucha de clases:
"Entonces se aprendió (y bien pocos supieron, menos todavía pudieron, entre los militantes socialistas, expresar su indignación y su protesta) que el proletariado socialista tenía que dejar de lado los principios mientras eran los principios de la doctrina clasista, pero tenía que inclinarse ante ellos como una cosa sagrada, cuando se trataba de los principios de la ideología burguesa, de aquellas ideas fundamentales en la religión de las cuales las clases dominantes tienden a transformar la prevalencia de sus intereses: la traición al contenido de la crítica marxista no podía ser más desvergonzado…" (El comunismo y la cuestión nacional, 1924)
El texto resume con precisión la necesidad del movimiento comunista de tener principios o, mejor, postulados programáticos estables adquiridos y de su 'codificación' en claras reglas tácticas de acción:
"Para indicar brevemente la solución que a nosotros nos parece mejor, diremos que se debe rechazar absolutamente la tesis según la cual la política marxista se contenta con un simple examen de las sucesivas situaciones (con un método, se entiende, bien determinado) y no necesita de otros elementos. Cuando nosotros hayamos estudiado los factores de carácter económico y el desarrollo de los contrastes de clase que se presentan en el campo de un problema dado, habremos hecho algo indispensable pero no habremos todavía tenido todo en cuenta. Hay ciertos otros criterios que hay que tener necesariamente en cuenta, que se pueden llamar 'principios' revolucionarios, si se aclara que tales principios no consisten en ideas inmanentes y apriorísticas fijadas de una vez y para siempre en tablas que se han “encontrado” en alguna parte, bellas y esculpidas. Si se quiere se puede renunciar a la palabra principios para hablar de postulados programáticos: se puede siempre precisar mejor, es más hay que hacerlo teniendo también presentes las necesidades lingüísticas de un movimiento internacional, nuestra terminología.
La manera de coordinar cada una de las soluciones a esta finalidad general se concreta en postulados adquiridos por el partido, y que se presentan como los fundamentos de su programa y sus métodos tácticos. Estos postulados no son dogmas inmutables y revelados, pero son a su vez la conclusión de un examen general y sistemático de la situación de toda la sociedad humana del presente periodo histórico, en el cual se ha tenido en cuenta exactamente de todos los datos de hecho que caen bajo nuestra experiencia. Nosotros no negamos que este examen esté en continuo desarrollo y que las conclusiones se reelaboren siempre mejor, pero es cierto que nosotros no podríamos existir como partido mundial si la experiencia histórica que ya el proletariado posee no permitiese a nuestra crítica construir un programa y un conjunto de reglas de conducta política. No existiríamos, sin esto, ni nosotros como partido ni el proletariado como clase histórica en posesión de una conciencia doctrinal y de organización de lucha. Donde se presenten lagunas en nuestras conclusiones, o donde se prevean revisiones parciales futuras, sería un error suplir con la renuncia a la definición de los postulados y principios, que aparecen ciertamente como una “limitación” de las acciones que se nos podrán ser sugeridas por las sucesivas situaciones y en los varios países. Error infinitamente menor sería remediar con un complemento incluso un poco arbitrario de nuestras fórmulas conclusivas, porque la claridad y precisión, en el mismo tiempo que el máximo posible de continuidad, de tales fórmulas de agitación y de acción, son una condición indispensable del reforzamiento del movimiento revolucionario.
A esta afirmación, que podrá parecer un poco arriesgada, nosotros añadimos, sin querernos detener demasiado sobre la grave cuestión que a muchos les parecerá excesivamente abstracta, que nos parece que los datos que nos proporciona la historia de la lucha de clase hasta la gran guerra y la revolución rusa permiten al partido comunista mundial rellenar todas las lagunas con soluciones satisfactorias: lo que no significa ciertamente que nada tendremos que aprender del futuro, y de la continua confirmación de nuestras conclusiones en la aplicación política de las mismas. El rechazo a “codificar” sin más demora el programa y las reglas de táctica y de organización de la Internacional no podría para nosotros tener hoy otro sentido que el de un peligro de naturaleza oportunista, por el cual nuestra acción correría el riesgo mañana de volver a refugiarse bajo principios y reglas burguesas, estos sí completamente errados y ruinosos para la 'libertad' de nuestra acción." (El comunismo y la cuestión nacional, 1924)
[1923] Entrada de ministros comunistas en los gobiernos de Sajonia y Turingia
A fines del tortuoso 1923 se verá la ocasión esperada de la aplicación del gobierno obrero con la entrada de ministros comunistas en los gobiernos de Sajonia y Turingia, siendo disueltos en poco tiempo y sin ningún esfuerzo por el Ejército alemán.
Todo el planteamiento fue contradictorio y los parámetros equivocados: en lugar de anticapitalismo tenemos antifascismo, de las vacilaciones y titubeos legalitarios se pasa de improviso al optimismo revolucionario que justifica cualquier abandono de los principios, se identifica a la pequeña burguesía como revolucionaria en el capitalismo, se entra en un gobierno socialdemócrata y se reproduce la ilusión suicida de que los reformistas van a armar a la clase obrera revolucionaria. La historia demuestra que los reformistas sólo van a entregar armas sin munición, armas estropeadas o se van a limitar a la simple promesa, como preámbulo y espera para que la burguesía consiga organizar la represión contra el proletariado.
El 20 de octubre, el gobierno central del Reich envía al de Sajonia un ultimátum exigiéndole la disolución inmediata de las débiles milicias obreras, amenazándolo, en caso de incumplimiento, con dar la orden de marcha al ejército. El Partido decide proclamar la huelga general en toda Alemania; pero, inseguro de sí mismo y del apoyo de los proletarios que se encontraban desorientados por la girándula de las consignas y objetivos contradictorios, Brandler piensa en consultar preventivamente a las masas –representadas por una asamblea de obreros y funcionarios políticos y sindicales en Chemnitz– y, convencido de que el momento oportuno ha pasado ya, revoca la orden de huelga. Basta con un destacamento del ejército para deponer al gobierno sajón. La Hamburgo proletaria se subleva aislada, debido a un retraso de la noticia de la revocación de la huelga, y en veinticuatro horas es sofocada por la fuerza. Los proletarios deberían haber marchado bajo la guía del Partido. El que marchó fue el ejército bajo la guía de los generales kaiseristas dejados en sus puestos por los socialdemócratas Ebert–Scheidemann. Algunos focos de resistencia fueron sofocados rápidamente: el 1923 alemán había acabado.
El final bochornoso de esa experiencia no servirá para el entierro de la táctica equivocada sino que se hará responsable a la dirección del Partido de haberse equivocado en su aplicación. Este método se generalizará también dentro de la Internacional de tal forma que todos los grupos dirigentes elevados a los altares serán defenestrados a continuación una y otra vez, en lugar de rectificar la táctica errónea que lleva a la Internacional de fracaso en fracaso.
En septiembre había empezado en Moscú un brusco viraje, cosa ya demasiado habitual, desde una actitud de espera fundamentalmente pesimista (la gran jornada antifascista fijada para el 23 de julio había sido anulada con la aprobación de la Internacional como consecuencia de la prohibición gubernativa) al optimismo más frenético. El 1º de octubre, Zinóviev vaticina al secretario del partido alemán, Brandler, la aproximación del "momento decisivo dentro de cuatro, cinco o seis semanas", y añade que es "necesario... plantear en forma concreta el problema de nuestro ingreso en el gobierno sajón [dominado por los socialdemócratas] a condición de que la gente de Zeigner [el presidente del consejo reformista] esté realmente dispuesta a defender a Sajonia contra Baviera y contra los fascistas" (¡después de 1918, 1919 y 1921, se vuelve a confiar en la voluntad de los socialdemócratas de renunciar a ser... ellos mismos!).
En el opúsculo Probleme der deutschen Revolution, Zinóviev atribuía un papel revolucionario "a las masas pequeño–burguesas urbanas, a los pequeños y medianos funcionarios, a los pequeños comerciantes, etc.", y se llega a emitir la hipótesis según la cual "el papel desempeñado en la revolución rusa por el campesinado cansado de la guerra será asumido hasta un cierto punto en la revolución alemana por las amplias masas pequeño–burguesas urbanas, empujadas por el desarrollo del capitalismo al borde de la ruina y del precipicio económico" (!??).
La entrada en el gobierno, que únicamente podía llevarse a cabo "con el consentimiento del Comintern", se consideraba justificada "sólo si ofrece la segura garantía de que el aparato estatal comience realmente a servir a los intereses de la clase obrera; de que sean armados centenares de miles de trabajadores para la lucha contra el fascismo bávaro y alemán en general; de que no solo verbalmente, sino en los hechos empiece una expulsión en masa de los funcionarios burgueses del aparato estatal... y que sean introducidas sin demora medidas económicas de carácter revolucionario, capaces de golpear a la burguesía de manera decisiva"; o sea, como decía el famoso telegrama de Zinóviev a Brandler el 1º de octubre, si ofrece la garantía de "armar inmediatamente a 50 o 60 mil hombres en Sajonia... e igualmente en Turingia".
[1924] Muerte de Lenin
En enero de 1924 muere Lenin. La muerte o supervivencia física de un individuo no hubiera cambiado por sí sola el curso de la contrarrevolución pero, con la muerte de este compañero, se empieza a dar rienda suelta a la pelea por el leninismo, taparrabos con el que los oportunistas encubren su traición al marxismo.
La Izquierda hizo un balance de la obra de Lenin en febrero de 1924 publicado como: Lenin en el camino de la revolución, explicando desde un punto de vista materialista y dialéctico la función del dirigente. Lenin fue ante todo un restaurador teórico del marxismo frente al oportunismo de su tiempo, y no es por casualidad que sea ésta la faceta que trata el primer capítulo del texto, pues para nosotros fue siempre éste el principal aspecto de su obra.
"A quien quiera subrayar demasiado en Lenin el táctico sin reglas fijas, nosotros le reprocharemos siempre la unidad que liga toda su obra política. Lenin es aquel grande que, fija la mirada en la meta final revolucionaria, no teme hacerse llamar en las épocas de la preparación el disolvedor, el centralizador, el autócrata, el devorador de sus maestros y de sus amigos. Es el aportador despiadado de la claridad y de la precisión aunque esto conlleve el hundimiento de falsas concordias y de alianzas postizas." (Lenin en el camino de la revolución, 1924)
"El cerebro del dirigente es un instrumento material que funciona por sus lazos con toda la clase y el partido; las formulaciones que el dirigente dicta como teórico y las normas que prescribe como dirigente práctico, no son creaciones suyas, sino precisiones de una conciencia cuyos materiales pertenecen a la clase–partido y son producto de una vastísima experiencia. No siempre todos los datos de ésta están presentes en el dirigente bajo formas de erudición mecánica, así es como nosotros podemos explicarnos realistamente ciertos fenómenos de intuición que son juzgados como desviaciones y que, lejos de probarnos la trascendencia de algunos individuos sobre la masa, nos demuestran mejor nuestro cometido de que el dirigente es el instrumento operador y no el motor del pensamiento y de la acción común." (Lenin en el camino de la revolución, 1924)
"Los dirigentes y el dirigente son aquellos y aquel que mejor y con mejor eficacia ordenan el pensamiento y quieren la voluntad de la clase; construcciones necesarias cuanto activas de las premisas que nos dan los factores históricos. Lenin fue un caso eminente y extraordinario de esta función, por intensidad y extensión de la misma. Por muy maravilloso que sea seguir la obra de este hombre con el fin de entender nuestra dinámica colectiva de la historia, nosotros no admitiremos que su presencia condicionase el proceso revolucionario a cuya cabeza le hemos visto, y aún menos que su desaparición detenga a las clases trabajadoras en su camino. La organización en partido que permite a la clase ser verdaderamente tal y vivir como tal, se presenta como un mecanismo unitario en el que los diversos cerebros (no sólo por cierto los cerebros, sino también otros órganos individuales) absorben tareas diversas según las aptitudes y potencialidades, todos al servicio de un objetivo y de un interés que progresivamente se unifica cada vez más íntimamente en el tiempo y en el espacio (esta cómoda expresión tiene un significado empírico y no transcendente). No todos los individuos tienen pues el mismo puesto y el mismo peso en la organización: en la medida que esta división de tareas se realiza según un plan más racional (y lo que vale hoy para el partido–clase, será mañana para la sociedad), está perfectamente excluido que quién se halla más arriba gravite como privilegiado sobre los demás. Nuestra evolución revolucionaria no va hacia la desintegración, sino hacia la conexión cada vez más científica de los individuos entre sí." (Lenin en el camino de la revolución, 1924)
[1924] V Congreso de la 3ª Internacional: 'bolchevización'
En el V Congreso de la 3ª Internacional se mantienen las desviaciones tácticas del frente único político y del gobierno obrero, haciendo recaer toda la responsabilidad acerca de sus malos resultados sobre los individuos.
A tal efecto, se produce un auténtico pasteleo parlamentario: los héroes del IV Congreso (la dirección del KPD: Brandler y Thalheimer) son ahora excomulgados por no haber aplicado correctamente la táctica del gobierno obrero (que en realidad sí habían aplicado) y, en su lugar, erigidos como nuevos campeones, la izquierda del Partido alemán (R. Fischer y Maslow).
Empieza el regateo de principios y de táctica con dos condimentos que serán inexcusables a partir de ese momento: el nuevo campeón deberá jurar lealtad a la Internacional y escupir sobre Trotski (que ha levantado ampollas dentro del Partido ruso con su 'Lecciones de octubre'), por un lado, y sobre la Izquierda italiana, por el otro.
Así, la 'izquierda' del Partido alemán acepta la fusión de la Internacional Sindical Roja con la Central Sindical Amarilla de Amsterdam, propuesta por el Ejecutivo de la Internacional a cambio de la investidura como nuevo grupo elegido. La única justificación para mantener el trabajo dentro de los sindicatos bajo control de los oportunistas en el interior era la existencia de un referente internacional claro y diferenciado, que ahora era liquidado.
En el V Congreso se institucionaliza la figura de partido simpatizante (el Kuomintang de Chiang Kai-shek, futuro verdugo de comunistas chinos, llegará a ser partido simpatizante en en el VI Ejecutivo ampliado), e introduce la maldenominada bolchevización.
Las células comunistas, y no sólo en las empresas sino en cualquier órgano donde hubiera militantes comunistas, ya existían en los Partidos (ver las resoluciones del III Congreso de la Internacional). Por sí mismas, las células comunistas no eran incompatibles con la organización territorial. La llamada bolchevización introducía la disolución de la organización territorial y la instauración de las células de empresa como única base posible del Partido.
Es cierto que esa había sido la forma de organización del Partido bolchevique en Rusia, donde la particular configuración de la doble revolución, con su componente democrático-burguesa, favorecía la organización dentro de la fábrica y la dificultaba en el exterior. Pero no era menos cierto que en la Europa de capitalismo maduro, se trataba de derrocar a la burguesía sin paradas intermedias y el ambiente dentro de la fábrica era tanto o más hostil a la organización comunista que el ambiente en el exterior durante el zarismo. Además, la compartimentación de los grupos comunistas dentro de cada empresa dificultaba la función principal del Partido: la síntesis de los impulsos y elevación del horizonte político hacia un fin supremo general. Los grupos de obreros comunistas quedaban aislados entre ellos y se facilitaba una dinámica corporativista y un estrechamiento del campo de acción y de visión.
Y en realidad se trataba de esto: de aislar y compartimentar los distintos destacamentos del Partido para controlarlos mejor sobre la base de una disciplina mecánica, de la disciplina por la disciplina.
Era la culminación en forma de degeneración organizativa de lo que había sido el ciclo precedente.
Empezando por el error táctico del parlamentarismo revolucionario en el capitalismo maduro y de la formulación ambigua de la conquista de la mayoría se inicia el deslizamiento por la pendiente de la desviación táctica del frente único político combinada con una desviación táctico-organizativa en el sentido federalista (no adhesión individual sino fusiones con trozos de partidos, admisión de partidos simpatizantes, ambiente interno de maniobra parlamentaria) para llegar a desviaciones teórico-programáticas como el bolchevismo nacional en Alemania y el gobierno obrero.
Una vez destruidos los lazos entre los postulados programáticos y la táctica, única base de una auténtica disciplina orgánica comunista, el único cemento organizativo aplicable era el de la disciplina por la disciplina, el de la disciplina mecánica, el del terror ideológico dentro de la propia organización, llegando incluso al uso del aparato policial estatal para dirimir las divergencias internas de organización. Sólo un régimen carcelario interno podía asegurar una disciplina cuyas premisas orgánicas habían sido destruidas con todos los errores anteriores. Y, con ello, los partidos comunistas dejaban de serlo sin posibilidad de corrección ulterior.
La cuestión no es abordada por la Izquierda italiana como una reivindicación democrática ni de mayor autonomía local sino, todo lo contrario, la Izquierda italiana reivindica una máxima centralización y disciplina y una limitación total de la autonomía tanto de los órganos periféricos como de los órganos dirigentes, sobre la única base que puede dar este resultado en un Partido Comunista: la unidad de doctrina, programa y táctica.
"Así se delinea el esquema de las conclusiones a las que tendemos nosotros en la materia. No existe una disciplina mecánica buena para la aplicación de órdenes y disposiciones superiores 'cualesquiera que sean', existe un conjunto de órdenes y disposiciones que responden al origen real del movimiento que pueden garantizar el máximo de disciplina, o sea, de acción unitaria de todo el organismo, mientras que existen otras directrices que emanadas del centro pueden comprometer la disciplina y la solidez organizativa.
(...)
Nosotros resumimos así nuestra tesis, y creemos ser fieles a la dialéctica del marxismo: la acción que el partido desarrolla y la táctica que adopta, o sea, la manera con la que el partido se presenta hacia el 'exterior' tienen a su vez consecuencias sobre la organización y constitución 'interna' del mismo. Compromete fatalmente al partido quien, en nombre de una disciplina ilimitada, pretende tenerlo preparado para una acción, una táctica, una maniobra estratégica 'cualquiera', o sea, sin límites bien determinados y conocidos por el conjunto de los militantes.
El máximo deseable de unidad y solidez disciplinaria se alcanzará eficazmente sólo afrontando el problema sobre esta plataforma, y no pretendiendo que esté ya prejudicialmente resuelto por una banal regla de obediencia mecánica." (Organización y disciplina comunista, 1924)
[1924] Asesinato de Matteotti y pantomima del Aventino
Como consecuencia del asesinato de Matteotti por los fascistas, el resto de partidos parlamentarios (incluyendo vergonzosamente al Partido Comunista) fundaron en el Aventino el parlamento auténtico. Si la táctica del parlamentarismo revolucionario (que como la Izquierda había advertido era errónea en la Europa capitalista) tenía algún sentido y razón de ser, entonces, los diputados comunistas no podían abandonar el parlamento en un bloque con los partidos burgueses sino que debían permanecer en él para defender las posiciones comunistas, ahora que los fascistas planteaban una lucha incluso física en su interior.
Con la participación en el bloque del Aventino, se hacía un frente único con partidos netamente burgueses y se confundía a las masas acerca de la naturaleza burguesa tanto del Parlamento como de su duplicado en el Aventino.
El Centro (formado por Gramsci, Togliatti, Tasca...) cometió un error al abandonar el parlamento y al participar en las primeras reuniones del Aventino, ya que debería haber permanecido en el parlamento para hacer una declaración de ataque político al Gobierno y para tomar una posición inmediata contra el prejuicio constitucional y moral del Aventino, error que representó el factor determinante del desenlace de la crisis a favor del fascismo. No hay que excluir que a los comunistas les hubiera podido convenir abandonar el parlamento, pero con una fisonomía propia y sólo cuando la situación hubiera permitido llamar a las masas a la acción directa. El momento era de esos en los que se deciden los desarrollos de las situaciones posteriores. El error, por tanto, fue fundamental y decisivo para formarse un juicio acerca de las capacidades del grupo dirigente, y determinó una utilización muy desfavorable por parte de la clase obrera del debilitamiento del fascismo, primero, y del fracaso clamoroso del Aventino, después.
El retorno al parlamento en noviembre de 1924 y la declaración de Repossi fueron benéficas, como lo demostró la ola de aprobación proletaria, pero demasiado tardías. El Centro osciló mucho tiempo y sólo se decidió por la presión del partido y de la izquierda. Se preparó al partido sobre la base de instrucciones insignificantes, y de una apreciación fantásticamente errónea de las perspectivas de la situación (informe de Gramsci en el Comité Central, agosto de 1924). La preparación de las masas, que no estaba dirigida en la perspectiva de la caída del Aventino, sino en la de su victoria, a través de la propuesta que el partido hizo a las oposiciones de constituirse en Antiparlamento, fue en todo sentido la peor. Ante todo, esta táctica se apartaba de las decisiones de la Internacional, que jamás consideraron propuestas a partidos netamente burgueses; además, ésta era de las que conducen tanto fuera del campo de los principios y de la política comunista como de la concepción histórica marxista. Independientemente de toda explicación que el Centro podía intentar dar acerca de los fines e intenciones que inspiraban la propuesta, explicación que habría tenido de todos modos una repercusión muy limitada, éste daba por cierto a las masas la ilusión de un Anti-Estado que se opone y lucha contra el aparato estatal tradicional, mientras que, según las perspectivas históricas de nuestro programa, la única base de un Anti-Estado podrá ser la representación de la única clase productora, es decir, el Soviet.
La consigna del antiparlamento, con el apoyo en el país de los comités obreros y campesinos, significaba confiar el Estado Mayor del proletariado a representantes de grupos sociales capitalistas, como Amendola, Agnelli, Albertini, etc. Fuera de la certeza de no llegar de hecho a semejante situación, que únicamente se podría tildar de traición, el solo hecho de presentarla como perspectiva de una propuesta comunista significaba violar los principios y debilitar la preparación proletaria. (Tesis de la Izquierda al III Congreso del Partido Comunista de Italia, Lyon, 1926)
[1925] Elección presidencial de Hindenburg en Alemania
La victoria electoral en las elecciones presidenciales de Alemania del candidato monárquico (Hindenburg) produce de nuevo una brusca oscilación en el sentido derechista, culpándose a los comunistas de haber mantenido su candidato en lugar de haberlo retirado para que venciera la burguesía republicana.
La propuesta de la Internacional significaba en realidad extender el apoyo parlamentario más allá de partidos sedicentemente obreros hasta el candidato republicano abiertamente burgués, condenando al partido comunista a un chantaje permanente que lo reduce al papel de seguro para la fracción republicana burguesa ante el 'mal peor'.
"Sigamos los hechos y los documentos. En las elecciones para la segunda vuelta los comunistas alemanes mantienen la candidatura de Thaelmann, que obtiene 60.000 votos más, pero el general Hindenburg consigue ser presidente de la república prevaleciendo claramente sobre el candidato republicano burgués, Marx. Se lanza sobre los comunistas alemanes la tempestad de las recriminaciones de costumbre, la izquierda burguesa y socialdemócrata se comporta como si los revolucionarios hubiesen firmado un contrato con ella comprometiéndose a sostenerla cuando la derecha se la vaya a jugar. Sufrir esta extorsión quiere decir admitir que el comunismo no es más que un subproducto de la democracia, tesis digna de la escuela de Treves y Turati (...)
Pero el Comité central de izquierda del Partido alemán, algunas horas después de ser elegido Hindenburg se reunió para declarar haberse equivocado y no haber sabido valorar el peligro monárquico. Convoca al Comité nacional del partido que confirma ese juicio, aunque se forma una fuerte minoría que lanza la alarma contra el repliegue del Comité ejecutivo de la Internacional y del Centro alemán sobre posiciones dignas de Brandler y Cía. (...)
Y ¿cuáles son las consecuencias de esta presentación contradictoria de un problema viejo y siempre nuevo? Helas aquí: 'En las elecciones presidenciales... habríamos debido maniobrar en el sentido de las propuestas de la delegación alemana y de la Internacional Comunista. Así habríamos conducido a la clase obrera alemana, formando bloque sobre un programa republicano mínimo con los verdaderos partidarios de la república (¡sic, sic, sic, sic!), uniéndose en torno al nombre de un candidato republicano militante en la lucha contra la reacción'. Así se habría desenmascarado, dice la resolución, a la socialdemocracia.
La propuesta del Comintern era la de invitar a ésta a no retirar a su candidato, Braun, por el que habrían votado los comunistas retirando la candidatura de Thaelmann. Pero si el objetivo era: a) desenmascarar a la socialdemocracia; b) evitar el peligro de la victoria monárquica, está claro que los socialdemócratas, con las cifras en la mano, habrían respondido que no bastaban los votos de Braun más los de Thaelmann para batir a Hindenburg, y era necesario formar el bloque incluso con las fuerzas del demócrata burgués y católico Marx. La consecuencia, pues, de la política sugerida por la Internacional, era el apoyo de los comunistas a una candidatura burguesa o, cuanto menos, el voto simultáneo de comunistas y socialdemócratas y demócratas burgueses para una candidatura, pongamos, de Braun." (La política de la Internacional, 1925)
[1925] El peligro oportunista y la Internacional
En El peligro oportunista y la Internacional (1925), la Izquierda advertía de que "la crítica sin el error no daña ni siquiera la milésima parte de cuanto daña el error sin crítica" y denunció la deriva de la Internacional en cuanto al elasticismo táctico imperante y al régimen carcelario creciente, sintetizando como conclusión:
"Es necesario condenar y abandonar tales métodos. Donde la situación no permita la lucha por el poder, no por esto el partido comunista deja de tener una tarea política y de acción que transcienda la de una escuela de propaganda. La actitud que asume el partido públicamente en el desarrollo de la lucha, incluso en la fase de retirada, tendrá su indispensable juego sobre el éxito o el fracaso que le estará reservado en el período de reanudación futuro, en el vencer o no todas las complejas resistencias contrarrevolucionarias." (El peligro oportunista y la Internacional, 1925).
La persistencia de aquellos métodos, llevados al extremo hasta la asfixia, han determinado la extrema profundidad de la contrarrevolución, erigiéndose como un obstáculo de largo alcance para la sana reanudación revolucionaria comunista.
[1925] La política de la Internacional
Un balance del IV y V Congreso así como de los nefastos zig-zags tácticos posteriores del KPD y la ulterior excomunión del grupo Fischer-Maslow, se encuentra en La política de la Internacional (1925) donde se explica con detalle la "maniobra interna de tipo parlamentario" con la que se obtenía una "unanimidad por medio de la fórmula que contentase a todos sin precisar nada".
[1926] Tesis de la Izquierda al III Congreso del Partido Comunista de Italia - Lyon
El congreso de Lyon es el primer congreso en el que la dirección ordinovista puesta a dedo por la dirección de la Internacional consigue aprobar sus tesis. Lo consigue a través del pucherazo o chanchullo electoral, diseñando un sistema de votos por el que incluso los disidentes votaban las tesis del centro, prohibiendo por razones de seguridad la asistencia de delegados de la Izquierda y computando el voto de los ausentes como votos por las tesis del centro, etc. Estos fueron los medios por los que el demócrata Gramsci y el que posteriormente sería ministro del interior de la monarquía italiana (Togliatti) consiguieron la apariencia de mayoría.
Nosotros no diremos que no se respetó la democracia. Diremos que en esto consiste precisamente la democracia y observaremos bien el comportamiento real de sus defensores para reafirmarnos en nuestra convicción de desembarazarnos para siempre de lo que no ha sido nunca otra cosa que un engaño organizativo.
Tal y como se sintetiza en las Tesis de Nápoles (1965): "Desde el IV Congreso, finales de 1922, en adelante, la previsión pesimista y la vigorosa lucha de la Izquierda prosiguen, denunciando las tácticas peligrosas (frente único entre partidos comunistas y socialistas, consigna del 'gobierno obrero') y los errores organizativos (por los cuales se quería ampliar los partidos, no sólo con la llegada de proletarios que abandonasen a los otros partidos con programa, acción y estructura socialdemócrata, sino con fusiones que aceptasen partidos enteros y porciones de partidos junto a pactos con sus estados mayores, e incluso con la admisión como secciones nacionales del Comintern a los pretendidos partidos 'simpatizantes', lo que era un claro error en el sentido federalista).
En una tercera dirección, la Izquierda denuncia -desde entonces y cada vez más vigorosamente- en los años sucesivos la ampliación del peligro oportunista: este tercer argumento es el método de trabajo interno de la Internacional, por el que el centro representado por el Ejecutivo de Moscú usa -ya sea hacia los partidos, o ya sea hacia partes de partidos, que han incurrido en errores políticos- métodos no sólo de 'terror ideológico', sino sobre todo de presión organizativa, lo que constituye una equivocada aplicación, y poco a poco una falsificación total, de los correctos principios de la centralización y de la disciplina sin excepciones. Tal método de trabajo iba exasperándose por todas partes, pero de forma particular en Italia en los años sucesivos a 1923 -años en los que la Izquierda, seguida por todo el partido, dio pruebas de disciplina ejemplar pasando las consignas a compañeros derechistas y centristas designados por Moscú- después de que se abusó gravemente del espectro de 'fraccionismo' y la constante amenaza de expulsión de una corriente, acusada artificialmente de preparar una escisión con el solo fin de hacer prevalecer los peligrosos errores centristas en la política del partido. Este tercer punto vital fue discutido a fondo en los Congresos Internacionales y en Italia, y es no menos importante que la condena a las tácticas oportunistas y a las fórmulas organizativas de tipo federalista."
En el VI Ejecutivo Ampliado, la Izquierda Comunista italiana, a través de la intervención de su representante y a lo largo de las distintas sesiones, se batiría por última vez en ese órgano en defensa de las posiciones mantenidas desde siempre y para siempre por nosotros:
en el plano táctico denunciamos que pretender la conquista de las masas en cualquier situación es una consigna oportunista - menchevique - en aquellas "situaciones en que las masas son empujadas a orientarse hacia una política no comunista" y que después del IV Congreso en lugar de revisar de modo radical la táctica errónea se había optado por encontrar responsables individuales alimentando un ambiente de "espíritu parlamentario y diplomático" con el método de decir siempre "la culpa es de X", "la culpa es de Y" cuando es el conjunto de la Internacional que debe asumir las responsabilidad de rectificar sus errores.
en el plano organizativo denunciamos la existencia de una crisis dentro de la Internacional producida por este método. "Para corregir errores no basta con cortar cabezas, es necesario esforzarse en descubrir los errores originales que hacen posible y favorecen la formación de fracciones" dado que las divergencias y fracciones son producto de los errores en la política del Partido:
"las fracciones no son la enfermedad sino solamente un síntoma y si se quiere curar el organismo enfermo no se deben combatir los síntomas sino que se debe intentar sondear las causas de la enfermedad."
también en el plano organizativo se impone la ironía sobre el 'descubrimiento' retrasado de que había que bolchevizar a los partidos: "¿Nadie había observado esto antes?". Después de exponer por enésima vez las diferencias fundamentales entre la situación de revolución anti-feudal pendiente en la que se desarrolló la revolución rusa y las distintas circunstancias en las que se debe desarrollar la revolución en Europa y denunciar la limitación corporativa de la discusión de las cuestiones generales que supone la reducción de la organización a células de empresa como única base del Partido, se recuerda que "el oportunismo entra siempre en nuestras filas bajo la máscara de la unidad", que el oportunismo se infiltra a través de ciertos dirigentes también a través de los que tienen origen obrero y que el partido es proletario por su finalidad histórica y no por su composición estadística. Ningún partido es "capaz de crear por un acto de pura voluntad un situación generalmente revolucionaria" pero es necesario tener partidos que no sólo estén en la línea correcta cuando la situación es favorable sino que lo sigan estando cuando la coyuntura sea desfavorable, en la lucha por una línea general y no ocasional defendida siempre por la izquierda marxista que dé lugar a una verdadera formación y selección de un estado mayor de dirigentes preparados que permitan jugar al Partido el papel que debe jugar cuando se presenta el momento decisivo.
siguiendo en el plano organizativo reivindicamos la homegeneidad política del Partido como resultado de la correcta solución de las cuestiones ideológicas, tácticas y organizativas, lo que no es posible si se hace agitación y no propaganda dentro del Partido, lo cual es incompatible con la formación de la conciencia política colectiva que debe impregnar el Partido. Al mismo tiempo que se reclama la capacidad del Partido de actuar contra los "elementos que abandonan manifiestamente la vía común" llamamos la atención de que este recurso debe ser excepcional o es una muestra de que algo no marcha bien dentro del Partido. En la Internacional se había instalado un régimen contínuo de represalias que se presentaba como si fuera el ideal de funcionamiento del partido, un método de "caza de fracciones, de campañas de escándalo, de vigilancia policíaca y de desconfianza respecto a los compañeros, un método que representa en realidad el peor fraccionismo que se desarrolla en las capas superiores del partido" pero "no es con tales métodos que se crea la unidad interior del partido, estos no hacen más que paralizar el partido y hacerlo inepto e impotente.".
en el plano de la cuestión rusa reivindicamos que los problemas de la política rusa no deben y no pueden ser resueltos en los límites estrechos del partido ruso y que es "absolutamente necesaria la colaboración directa de toda la Internacional Comunista", reclamando volver a poner sobre sus pies la pirámide de la organización mundial que se encontraba invertida y reposando sobre su vértice. El esquema debería haber sido: la Internacional es el partido mundial de la clase obrera, el Partido ruso es una sección de la Internacional que ha tomado el poder y controla el Estado ruso; mientras que la realidad se había convertido en esa otra: el Estado ruso controla al Partido ruso que a su vez controla la Internacional comunista.
Después de que Bujarin, aunque con ánimo despectivo y polémico, haya admitido - personalizándolo en un individuo - que la Izquierda es un "polo fijo en el movimiento general" y que el único mérito que se le podía reconocer "era la franqueza, el rechazo al disimulo y a la maniobra", el representante de la Izquierda responde que "se complace uno en repetir: 'el sistema de X, la teoría de X, la metafísica de X' (...) se quiere presentar mi posición como si fuese estrictamente personal", clarificando que las posiciones que se defendieron "no son pues ideas exclusivamente personales" sino que son "las posiciones defendidas por un grupo en el seno del movimiento comunista".
[1926] Traición de la revolución en China
El año 1926 es también el año de una doble traición: de la huelga de los mineros en Gran Bretaña (entonces metrópolis del capitalismo) y de la revolución china (entonces periferia del capitalismo).
En marzo de 1926 Chiang Kai-shek organiza un golpe en Cantón: detiene a los mandos comunistas de la academia militar de Whampoa, desarma y reprime los piquetes de la huelga de Cantón-Hong Kong, expulsando a los miembros del PCCh de la dirección del Kuomintang.
Pese a esto, la Internacional se opone a la ruptura con el Kuomintang afirmando su represante en China que “En el presente periodo, los comunistas deben hacer un trabajo de coolies para el Kuomintang”.
Martinov* sentaba cátedra (en una línea contraria a las Tesis del II Congreso): “En China la iniciativa emana de la burguesía industrial y de los intelectuales burgueses y por lo tanto el Partido Comunista chino debe esforzarse en no crear obstáculos al ejército revolucionario contra los grandes señores feudales, contra los militaristas del Norte y contra el imperialismo.” (Revista de la Internacional Comunista nº5, marzo de 1927).
Así se describe la táctica deforme de Partido Comunista Chino en el informe presentado al VII Ejecutivo Ampliado (1926):
“El peligro más grande consiste en esto: que el movimiento de las masas progrese hacia la izquierda. (…) Es extraordinariamente difícil para nosotros definir la táctica en relación con la pequeña y mediana burguesía, puesto que las huelgas de obreros que trabajen para artesanos o las huelgas de empleados no son más que conflictos en el interior mismo de la pequeña burguesía. Y dado que la una y la otra de las partes en lucha (es decir, los empresarios y los obreros) son necesarios para el frente único nacional (...) Los empleados de empresas que provean objetos de primera necesidad no deben jamás recurrir a la huelga si hay la más mínima posibilidad de llegar a concesiones por una vía pacífica. (…) Teniendo miedo del desarrollo elemental del movimiento obrero, el Partido ha consentido al arbitraje obligatorio en Cantón y luego en Hankou.”
* Antiguo economicista y luego menchevique, reentrado en el partido ruso en 1923, cuyo pasado político era rehabilitado en Rusia y en la Internacional por el estalinismo.
[1926] Traición de la huelga de los mineros en Gran Bretaña
Al mismo tiempo que se traicionaba la revolución china (entonces periferia del capitalismo) se traicionaba también la huelga de los mineros en Gran Bretaña (entonces metrópolis del capitalismo).
En mayo de 1926 estalló en el Reino Unido una huelga general en apoyo a los mineros en lucha que duró nueve días y que puso parcialmente en jaque el estado británico, que tuvo que recurrir al ejército.
Desde el Comité Anglo-Ruso, la Internacional siguió considerando a los líderes traidores de la Trade Union Congress (TUC), que se esforzaron por controlar y desviar de objetivos revolucionarios al movimiento huelguístico, como “los únicos representantes del movimiento sindical inglés”, renunciando a aprovechar una ocasión de oro desde un punto de vista revolucionario en la metrópolis central del capitalismo.
El propio Bujarin justificó la táctica seguida por el Comité Anglo-Ruso en base a la defensa de los “intereses diplomáticos de la URSS”. (Ejecutivo de la Internacional, mayo 1927).
[1926] VII Ejecutivo ampliado: 'socialismo en un solo país'
En el VII Ejecutivo ampliado se completa la muerte de la que había sido la Internacional Comunista con la victoria de la teoría del socialismo en un solo país y el abandono de la revolución mundial.
La oposición rusa trata de oponerse a este extravío completo pero lo hace tarde y limitada por toda la serie de errores anteriores de los que son plenamente corresponsables sus dirigentes, así como de haber colaborado en el acoso y derribo de la Izquierda italiana.
La economía que se pasaba a caracterizar como socialista a partir de aquel momento, es la que Lenin había caracterizado como capitalista en así en 'Mejor menos pero mejor' (1923) y en 'El impuesto en especie' (1921):
[1927] Abril – Diciembre: Derrota definitiva de la revolución proletaria china (derrotas de Shanghái y Cantón)
Durante 1926 se produjeron en Shanghái al menos 169 huelgas en las que participaron más de 200.000 obreros. El primer alzamiento obrero insurreccional en Shanghái fue reprimido (23 de octubre de 1926). Poco después se produjo otra huelga de 300.000 obreros y una insurrección fallida (del 19 a 24 de febrero de 1927). La policía y el ejército de Fengtian-Shandong (fiel al gobierno de Pekín) que ocupaba Shanghái desata la represión. El ejército de Chiang Kai-shek (proveniente de Cantón, en la llamada “expedición al norte”) espera en las afueras.
El 21 de marzo de 1927 el Sindicato General de Shanghái llama a la huelga general insurreccional. Se ocupan comisarías y se forman milicias obreras, sin embargo las concesiones extranjeras no se ocupan. Se nombra un gobierno municipal provisional de 19 miembros con sólo 5 pertenecientes a los sindicatos. Chiang Kai-shek rechaza colaborar con él.
Chiang Kai-shek se acerca a Shanghái mientras reprime a los grupos obreros armados. El 28 de marzo declara la ley marcial y empieza la represión en Shanghái, en colaboración con bandas de delincuentes armadas por la burguesía de Shanghái (china y extranjera). El Comintern lo esconde.
Las tropas de la primera división leales al PCCh plantean arrestar a Chiang Kai-shek y el PCCh lo rechaza y acepta que sean desplazadas fuera de Shanghái.
Chiang Kai-shek toma completamente Shanghái (12 de abril de 1927).
“El golpe del 13 de abril de 1927 se abatió, pues, sobre un proletariado políticamente, organizativamente y militarmente desarmado contra su propio instinto de clase, y al cual se tenía no obstante el impudor de hacer entrever una posible “vía china al socialismo” en el momento preciso en que se destruían las bases mismas, internacionales y sólo internacionales, de una tal perspectiva; se abatió sobre un partido inducido a sacrificarse para reforzar al adversario de clase cediéndole hasta el secreto de la centralización organizativa y de la unicidad de dirección política – un partido suicida”. (En memoria de los militantes proletarios asesinados en Shanghái en abril de 1927 y en los meses sucesivos en toda China, Il Programma Comunista 6-7, 1977)
La Internacional degenerada pasa a acusar a Chiang Kai-shek de traidor y considerar al gobierno de la izquierda del Kuomintang en Wuhan como el centro de la revolución. El gobierno de Wuhan mantiene la represión contra las expropiaciones de tierras por parte de campesinos y contra las organizaciones obreras. La burguesía de Wuhan lo respalda. Pese a esto, el V Congreso del PCCh (27 de abril de 1927) reafirma su apoyo al gobierno de Wuhan, en el que el PCCh participa.
En julio el gobierno de Wuhan intenta la conciliación con Chiang Kai-shek y rompe con el PCCh. La Internacional degenerada llama al PCCh a retirarse del gobierno de Wuhan pero a mantenerse en el Kuomintang. Al mismo tiempo la Internacional degenerada pasa a considerar que la revolución china está en su ápice y llama a realizar insurrecciones. Sin ningún tipo de condiciones ni preparación, todas fracasan.
En diciembre de 1927 varios grupos de trabajadores armados se insurreccionan y consiguen tomar el control de Cantón con un programa obrero (reducción de jornada, confiscación y distribución de la propiedad privada, etc.). El Kuomintang se reorganiza y reprime brutalmente a los trabajadores cantoneses. La Comuna en Cantón dura del 11 al 13 de diciembre de 1927.
“China fue el banco de pruebas de los principios y de las tácticas de colaboración de clase en los movimientos nacionales y coloniales. Negación del rol autónomo y de los objetivos específicos del proletariado, alianza “anti-imperialista” con los partidos burgueses, adhesión a la teoría menchevique de la necesidad de una “etapa democrática”: estos son los principios que Moscú impuso en China y que el PCCh hizo suyos para siempre. Volviendo la espalda a las enseñanzas del Manifiesto del Partido Comunista, a las lecciones de las revoluciones de 1848 y de 1871 en Europa, así como a la línea seguida por los bolcheviques en Octubre de 1917, estas posiciones no sólo condujeron al proletariado chino a una derrota irreparable, sino que fueron trasladadas a todas las revoluciones anti-coloniales de África y Asia.
Batido el proletariado, hacía falta todavía dar una respuesta a la cuestión social y un cuadro político a la acumulación de capital. Fue la urgencia de esta respuesta, la gravedad de los antagonismos que habían puesto en movimiento todas las clases de la vieja sociedad, lo que empujó a Mao a jugar el rol de “verdadero Kuomintang”. Habiendo rechazado armar a los obreros chinos, armó el campesinado pequeño burgués. Habiendo negado la conquista del poder político por el proletariado, asumió las responsabilidades de la fundación de la “democracia popular”. (Le mouvement social en Chine, Programme Communiste, números del 27 al 37 de 1964 a 1966)
El partido que la línea de Mao Zedong refundó en las montañas de Jinggang después de la derrota de Cantón, de base campesina y sin ninguna ligazón con el proletariado urbano, siguió siempre el planteamiento del nacionalismo burgués chino de Sun Yat-sen, convirtiéndose en realidad en el “verdadero Kuomintang”. Así lo reconoce el propio Mao:
“Nuestro punto de vista coincide perfectamente con las tesis revolucionarias del Doctor Sun Yat-sen (…) en China todos los comunistas y los simpatizantes del comunismo deben luchar por los objetivos de la fase actual; deben luchar contra la opresión extranjera y despedazar el yugo feudal, deben liberar a nuestro pueblo de la trágica suerte de país colonial, semicolonial y semi-feudal, y edificar una China de nueva democracia bajo la guía del proletariado, que se proponga, como tarea principal, la liberación de los campesinos, es decir, una China de los Tres Principios del Pueblo revolucionario del Doctor Sun Yat-sen, una China independiente, libre, democrática, unificada, rica y potente. Nosotros actuamos precisamente así.” (Sobre el gobierno de coalición, Mao Zedong, 1945).
Sin embargo, ¿Qué había dicho Lenin de Sun Yat-sen?
“Sun Yat-sen (...) Demócrata chino progresista, razona literalmente como un ruso. Su semejanza con un populista ruso es tan grande, que llega a la total identidad con las principales ideas y con muchas expresiones. (…) la democracia burguesa de China se halla totalmente teñida del mismo color populista. (…) ¿A qué se reduce la “revolución económica” de que habla Sun Yat-sen con frases tan pomposas y poco claras al comienzo del artículo? Al traspaso de la renta al Estado, es decir, a la nacionalización de la tierra mediante un impuesto único (…) o, dicho de otro modo: nacionalizar la tierra. ¿Es posible dicha reforma dentro de los marcos del capitalismo? No sólo es posible, sino que representa el capitalismo más puro, más coherente, idealmente perfecto.” (Democracia y Populismo en China, Lenin, 1912).
Es decir, el planteamiento del partido de Mao, en línea con el de Sun Yat-sen, no era otra cosa que la extensión de la revolución burguesa china y el desarrollo del capitalismo en China.
La naturaleza burguesa del maoísmo, como del estalinismo, ha permitido que el mismo o versiones suyas hayan sido un caparazón ideológico adecuado para una variedad de burguesías nacionalistas – algunas revolucionarias desde un punto de vista burgués, otras ni siquiera esto –en distintos sitios del mundo (China, Vietnam, Camboya, Corea, Cuba, Venezuela, etc.) donde nunca han representado una lucha por la superación del capitalismo, ni en los que no se ha instaurado nunca ni el comunismo ni el socialismo.
La política burguesa del maoísmo ha incluido siempre el mantenimiento del trabajo asalariado (explotación) y garantía la de la ganancia empresarial (acumulación de capital):
“Con el régimen de nueva democracia se adoptará una política de aseguramiento de los intereses del trabajo y del capital. Por un lado se defenderán los intereses de los obreros: se establecerá una jornada de trabajo de ocho-diez horas según las circunstancias, se proveerá en la medida adecuada de asistencia a los desocupados y de seguridad social, y se defenderán los derechos sindicales. Por otro lado se garantizarán las legítimas ganancias a las empresas estatales, privadas y cooperativas directas. De este modo tanto el sector público como el sector privado, tanto el trabajo como el capital, contribuirán juntos al desarrollo de la producción industrial.” (Sobre el gobierno de coalición, Mao Zedong, 1945).
Coherentemente con su carácter burgués, el maoísmo defenderá la pervivencia de la producción mercantil y de la ley del valor en el socialismo, es decir, el mantenimiento del capitalismo:
"La producción de mercancías no es un fenómeno aislado. Todo depende de a qué esté asociada: al capitalismo o al socialismo. Si está ligada al capitalismo entonces es producción mercantil capitalista. Si está ligada al socialismo es entonces producción mercantil socialista[sic]." (Mao, anotaciones a los problemas económicos del socialismo, 1959).
Contra este planteamiento, que es el de Prouhdon-Bakunin-Dühring-Stalin-Mao, esta es la línea del marxismo por la superación de la producción mercantil:
"Es una verdad indiscutible, elemental, de la economía política, confirmada incluso por la experiencia cotidiana y la observación de la gente común que, una vez que hay intercambio, el desarrollo de la economía es desarrollo pequeño burgués, desarrollo capitalista." (Lenin, el impuesto en especie, 1921).
"la ley del valor es precisamente la ley fundamental de la producción de mercancías y también, por consecuencia, de la forma más elevada de esta producción, o sea, de la capitalista.” (Anti-Dühring, F. Engels, 1878).
“En el seno de una sociedad colectivista, basada en la propiedad común de los medios de producción, los productores no cambian sus productos; el trabajo invertido en los productos no se presenta aquí, tampoco, como valor de estos productos, como una cualidad material, poseída por ellos, pues aquí, por oposición a lo que sucede en la sociedad capitalista, los trabajos individuales no forman ya parte integrante del trabajo común mediante un rodeo, sino directamente.” (Crítica al programa de Gotha, K. Marx, 1875).
[1936] Procesos de Moscú (1936, 1938)
El estalinismo es la rehabilitación del menchevismo en Rusia y, durante los Procesos de Moscú (1936, 1938), este menchevismo rehabilitado persiguió, acusó y ejecutó a toda la vieja guardia bolchevique.
Dando continuación al método hipócrita de las autocríticas que se exigían para su 'rehabilitación' a los dirigentes defenestrados en los diversos bandazos de la Internacional, se hizo 'confesar' bajo tortura a los militantes las falsas acusaciones para ser ejecutados luego igualmente.
[1937] Hechos de mayo: de la victoria proletaria a la derrota a manos del antifascismo
Un ejemplo sangrientamente ilustrativo de esas consecuencias fue el desarrollo de la masacre proletaria posterior al levantamiento del Ejército republicano español en julio de 1936 para sofocar las huelgas que se sucedían incesantemente (pese a los intentos de desmovilización por parte del gobierno del Frente Popular y los laudos dictados contra las huelgas) y que mantenían a 100.000 trabajadores en huelga desde hacía meses en Madrid.
Tal y como se sintetiza en las Tesis de Nápoles (1965): "Los hijos históricos del frente único de 1922 son hoy de todos conocidos: los frentes populares creados para apoyar la segunda guerra del capitalismo democrático, los 'frentes de liberación' antifascistas que han conducido a la más abierta colaboración de clase, o sea, extendida a partidos declaradamente burgueses; donde se compendia el nacimiento monstruoso de la última oleada del oportunismo sobre el cadáver de la III Internacional. Las maniobras organizativas iniciales con las fusiones de 1922 han echado las bases de la completa confusión en la actual dirección parlamentaria y democrática de todos los partidos, comprendido el Comunista, que ha lacerado así las tesis parlamentarias de Lenin en el II Congreso."
Señalamos que la solución táctica correcta a aplicar a la situación estaba ya contenida en los puntos 32, 33, 34 y, sobre todo, en los puntos 37, 38 y 39 de las Tesis sobre la táctica del Partido Comunista de Italia, de Roma (1922). Se trata de una demostración póstuma de la posibilidad de preveer y cerrar la táctica sobre la base de las experiencias pasadas del movimiento obrero y a la luz de sus postulados programáticos (era incluso reciente la experiencia en Alemania con el golpe de Kapp/Lüttwitz en 1920).
“El 19 de julio de 1936 los proletarios de Barcelona, DESPROVISTOS DE ARMAS, domaron el ataque de los regimientos de Franco ARMADOS HASTA LOS DIENTES.
El 4 de mayo de 1937, estos mismos proletarios PROVISTOS DE ARMAS han dejado sobre los adoquines callejeros un número mucho más elevado de víctimas de las que se perdieron para conquistar la victoria contra Franco, y ha sido ante el gobierno antifascista del que forman parte hasta los Anarquistas y los del POUM, ha sido este gobierno antifascista a través de numerosos engranajes de su aparato, el que ha desencadenado la morralla de las fuerzas represivas contra los obreros.”
(4 de mayo de 1937: plomo, metralla y cárcel, “Prometeo” nº145, del 30-5-1937)
“El 19 de julio de 1936, los proletarios de Barcelona eran una fuerza invencible. La lucha de clase, independiente del Estado Burgués, tuvo una repercusión en el seno de los regimientos del ejército de Franco, donde acabó determinando una independencia análoga y de clase de los soldados contra sus generales: la huelga arrancó el muelle del seguro en los fusiles y en los cañones del ejército de Franco, pudiendo ser así derrotado.
La historia no conoce más que intervalos huidizos, en el curso de los cuales los organismos del proletariado pueden limitarse a mantener una posición de simple autonomía hacia el Estado Capitalista.
Algunos días después del 19 de julio, los acontecimientos llegaron a la encrucijada. O bien el proletariado pasaba a la fase superior de su lucha para la destrucción del Estado Burgués o este estado volvía a reconstruir las redes de su opresión sanguinaria sobre el proletariado.”
(4 de mayo de 1937: plomo, metralla y cárcel, “Prometeo” nº145, del 30-5-1937)
“La milicia proletaria del 19 de julio es un organismo proletario, la milicia “proletaria” de la semana siguiente es un órgano capitalista, apropiado para la situación del momento. Para tener éxito en su cínico y sanguinario plan, la burguesía pudo recurrir a los centristas (PCE), a los socialistas, a la CNT, a la FAI y al POUM, que hicieron creer a los obreros que EL ESTADO CAMBIABA DE NATURALEZA POR EL HECHO DE QUE EL PERSONAL QUE LO GESTIONABA HABÍA CAMBIADO DE COLOR. El capitalismo, travistiéndose bajo la bandera roja, se aprestaba de nuevo a sacar la espada de su represión, y el 4 de mayo ha sido preparado por todas las fuerzas que, el 19 de julio, le rompieron la columna vertebral de clase al proletariado español. El hijo de Noske y de la constitución de Weimar es Hitler; el hijo de Giolitti y del control de la producción es Mussolini; el hijo de los anarquistas, socialistas, centristas (PCE) y POUM españoles, de la socialización de la milicia “proletaria”, es la carnicería del 4 de mayo en Barcelona.
Sólo el proletariado ruso respondió a la caída del zarismo con el 20 de Octubre de 1917, porque sólo él llegó a construir el PARTIDO DE CLASE madurado con el trabajo de fracción precedente.”
(4 de mayo de 1937: plomo, metralla y cárcel, “Prometeo” nº145, del 30-5-1937)
“Extenuado por diez meses de guerra y de colaboración con la burguesía, cuyos artífices han sido la CNT y la FAI y el POUM, el proletariado de Barcelona ha sufrido una derrota terrible. Pero esta derrota es también una etapa de la victoria del proletariado, un momento de su emancipación, porque marca el final de todas las ideologías que habían permitido al capitalismo salvar su régimen resquebrajado por el gigantesco sobresalto proletario del 19 de julio.
Los proletarios caídos el 4 de mayo no pueden ser reivindicados por ninguna de las organizaciones que, el 19 de julio, permitiendo la extirpación del proletariado de su terreno de clase, y arrojándolo en el terreno opuesto, en el del capitalismo y del antifascismo, preparó así el 4 de mayo de 1937.”
(4 de mayo de 1937: plomo, metralla y cárcel, “Prometeo” nº145, del 30-5-1937)
[1939] Inicio de la 2ª guerra imperialista mundial (1939-1945)
Con el inicio de la 2ª guerra imperialista mundial que se desarrolló hasta 1945, el cadáver de la 3ª Internacional hacía tiempo que era ya una simple sucursal para la política exterior de la Rusia estalinista.
Coherentemente con esta función, que ya no era la del Partido mundial de la revolución proletaria, ordenó al Partido Comunista Alemán (KPD) la colaboración con su burguesía, con el socialismo nacional alemán, con quien la Rusia estalinista se había repartido Europa oriental. Por contra, el Partido Comunista Francés (PCF) recibía la orden de sabotear a su burguesía dado que Francia era considerada una plutocracia occidental.
El planteamiento era ciertamente distinto del de la II Internacional (cada uno con su burguesía) pero era tanto o más reaccionario: cada uno según las alianzas que la Rusia estalinista tuviera con las diversas potencias capitalistas.
Cuando llegó la hora del cambio de bando forzado unilateralmente por decisión del socialismo nacional alemán, las plutocracias occidentales fueron re-etiquetadas como defensoras de la libertad y las órdenes fueron invertidas: ahora el PCF tenía que apoyar a su burguesía contra Alemania y el KPD tenía que sabotear a la suya.
Cualquier tipo de coherencia y continuidad habían desaparecido o, mejor dicho, la coherencia se encontraba en otro plano: el de la defensa de los intereses capitalistas de la Rusia estalinista.
[1943] Disolución formal del cadáver de la 3ª Internacional
El cadáver de la 3ª Internacional fue disuelto en plena guerra mundial, coincidiendo con el cambio de bando forzado de la Rusia estalinista.
Si la 3ª Internacional no hubiera sido ya un cadáver, la actuación revolucionaria no habría sido disolverla durante la guerra sino que hubiera debido ser un instrumento de coordinación y dirección del derrotismo revolucionario para el derrocamiento de la burguesía en todos los países beligerantes y el desencadenamiento de revoluciones comunistas en todos ellos, durante la guerra o a continuación.
Pero esta actuación no coincidía ni con la naturaleza capitalista de la Rusia estalinista, ni con su abandono de la revolución mundial, ni con la alianza establecida con otros estados capitalistas para el reparto del mundo. El estalinismo disolvió el cadáver de la 3ª Internacional para asegurar a sus nuevos aliados (las plutocracias occidentales de ayer) que no tenía ninguna intención hacer la revolución mundial.
Desarrollo del capitalismo mundial a partir de 1945
Rota la columna vertebral del proletariado mundial e interrumpido temporalmente el hilo de la revolución comunista mundial, el capitalismo ha podido desarrollarse a escala mundial superando sus crisis parciales incorporando amplias áreas entonces no capitalistas y desarrollando la capacidad productiva.
En palabras del Manifiesto del Partido Comunista: "¿Cómo vence esta crisis la burguesía? De una parte, por la
DESTRUCCIÓN obligada de una masa de fuerzas productivas; de otra, por la CONQUISTA de nuevos mercados y la EXPLOTACIÓN más intensa de los
antiguos. ¿De qué modo lo hace, entonces? Preparando crisis más extensas y más violentas y disminuyendo los medios de prevenirlas.".
Lecciones de la degeneración de la Internacional Comunista
Del estudio de los hechos y textos enlazados a esta línea temporal, se derivan las principales lecciones del proceso de formación y ocaso de la Internacional Comunista:
La tardía ruptura organizativa con el oportunismo y el consiguiente retraso en la formación de partidos comunistas impidió aprovechar el incendio revolucionario en el momento oportuno e impuso un trágico retraso de fase.
Este retraso de fase actuó como catalizador de todos los errores tácticos posteriores y como justificador del eclecticismo táctico y de las fusiones organizativas con corrientes equívocas, motivado por el eventual reflujo de la revolución y aislamiento de la revolución rusa dentro de la revolución mundial y, como consecuencia, de los partidos comunistas respecto a las masas obreras en Europa.
La Internacional Comunista no fue una organización políticamente homogénea y, pese a las declaraciones aparentes, coexistían posiciones completamente heterogéneas y anti-marxistas que se esconden detrás de las excepciones nacionales y los cambios de rumbo repentinos (zig-zags) que se seguían unos a otros.
La falta de homogeneidad política dentro de la Internacional se tradujo en una falta de estabilidad táctica, en un ambiente interno de parlamentarismo y diplomacia funcionarial junto con su contrapolo inevitable: la 'disciplina por la disciplina' y el 'terror ideológico' como cemento organizativo.
El trasvase erróneo de una táctica adecuada para la doble revolución en Rusia (revolución anti-feudal en la que se encabalga una revolución proletaria) a una situación de capitalismo maduro en la que no existían las premisas para su aplicación, conduce al sometimiento de los Partidos comunistas recién creados a la política de la socialdemocracia, a su confusión completa con los verdugos de la revolución.
Es crucial percatarse de la extrema rapidez con la que un error táctico se consolida como desviación táctica que se proyecta en una desviación programática y, para imponerse dentro de la organización, se materializa en una desviación organizativa. Sólo un año y medio después de su nacimiento la Internacional inicia la senda que conducirá a su completa degeneración con tan sólo 7 años de existencia.
Más concretamente, empezando por el error táctico del parlamentarismo revolucionario en el capitalismo maduro y de la formulación ambigua de la conquista de la mayoría se inicia el deslizamiento por la pendiente de la desviación táctica del frente único político combinada con una desviación táctico-organizativa en el sentido federalista (no adhesión individual sino fusiones con trozos de partidos, admisión de partidos simpatizantes, ambiente interno de maniobra parlamentaria) para llegar a desviaciones teórico-programáticas como el bolchevismo nacional en Alemania y el gobierno obrero, culminando con la desviación organizativa de la maldenominada bolchevización que significa la instauración de la disciplina por la disciplina, del terror ideológico, del método de la humillación personal a través de las autocríticas, incluso con el uso del aparato policíaco estatal y la presión económica para sofocar las divergencias internas.
La derrota material de la revolución en Europa, a la vez causa y producto de los puntos anteriores, impidió reconducir las desviaciones y encerró la revolución rusa en su tarea de construcción del capitalismo en Rusia
La contrarrevolución estalinista - socialismo en un solo país, abandono de la revolución mundial, restitución del menchevismo y liquidación física de la vieja guardia bolchevique - es pues un resultado de este proceso degenerativo de la Internacional, a caballo de la derrota material de la revolución en Europa, producto combinado de las necesidades del desarrollo del capitalismo en Rusia y de la táctica de alianza (frente único político, gobierno obrero) con los mencheviques europeos, con la socialdemocracia, agente criminal consumado de la burguesía
La fórmula organizativa del centralismo democrático, característica de la III Internacional, estaba abierta pues históricamente a distintos y opuestos desarrollos: por una parte tendía hacia el centralismo burocrático, despótico y estatal, y sin embargo siempre democrático, del estalinismo, o sea, de la contrarrevolución; y por otra parte hacia el centralismo orgánico y no democrático propio del Partido Comunista Internacional único, puramente comunista y puramente marxista, basado en una sola doctrina, un sólo programa y una sistematización racional de la táctica. "El 'centralismo democrático' estaba abierto históricamente por una parte hacia el monolitismo de la revolución, por otra parte hacia el monolitismo de la contrarrevolución."(La estructura orgánica del partido es la otra cara de su unidad de doctrina y de programa, 1965)
La oposición rusa, liquidada físicamente en la culminación de este proceso degenerativo, fue corresponsable de todas las desviaciones tácticas que condujeron precisamente a esa degeneración. Fue batida por la contrarrevolución sin poder sacar las lecciones de sus propios errores - o, lo que es peor, sacando lecciones incorrectas - por lo que no puede representar un punto de partida para la reanudación del movimiento comunista revolucionario.
La oposición de tipo consejista, se enfrentó a la generalización mecánica a la Europa capitalista de las lecciones tácticas de la revolución rusa, pero se equivocó profundamente en la valoración del carácter político de la propia revolución rusa (considerada burguesa sin más), en la devaluación del Partido y de los dirigentes, en la equiparación del plano sindical con el parlamentario, recayendo con ello en posiciones anarcoides incompatibles con el marxismo. Tampoco esta oposición puede representar un punto de partida para la reanudación del movimiento comunista revolucionario.
De las corrientes que se opusieron a la contrarrevolución estalinista, solamente la Izquierda Comunista 'italiana' se opuso a la degeneración de la Internacional Comunista sobre el plano del marxismo integral, anticipando causas y consecuencias, luchando por una línea de izquierda que sea verdaderamente general y no ocasional sin dejar de reivindicar en ningún momento: el carácter político proletario de la revolución de octubre, la necesidad del Partido Comunista centralizado, la necesidad de la Dictadura del Proletariado dirigida por dicho Partido y del ejercicio del Terror Rojo y la necesidad del desarrollo de un trabajo sindical como elemento no suficiente pero necesario para la perspectiva revolucionaria; reivindicando al mismo tiempo la necesidad de un programa táctico vinculante para toda la organización (centro y periferia), la más completa homogeneidad política como únicas bases de un verdadero centralismo orgánico que permita superar el engaño organizativo democrático: "la unidad y la centralización real -reivindicada por nosotros más que por ningún otro- en la acción y en el modo de organizarse del Partido es el producto, el punto de llegada, no la causa y el punto de partida, de la unidad y centralización de la doctrina, del programa y del sistema de las normas tácticas: inútil buscar aquellas si faltan éstas; peor que inútil, destructivo y mortífero."(La continuidad de acción del Partido sobre el hilo de la tradición de la Izquierda, 1966)